viernes, 13 de noviembre de 2009

Sala La Pequeña Betty (hamburguesas en el piso de arriba), Madrid, 1 de Octubre de 2009

Los que nos siguen visualmente en garajeland, sabrán que en nuestra línea editorial (Tomás: ¿Tenemos línea editorial?) nos quejamos mucho, escribimos poco, y si lo hacemos sobre un concierto tiene que pasar el tiempo necesario para que se nos olviden todas las canciones y este pase a ser de la época de antaño a casi legendario. Más o menos el uno de Octubre nos acercamos a ver al que es (en mi opinión, faltaría más) el grupo que ha grabado mi disco favorito del año, Mark And The Spies. Era principios de Octubre y hacía veinte grados (como ahora), también se hablaba de las corrupciones políticas (como ahora), el Alcorcón optaba al ascenso y al título de copa (como ahora también) y yo seguía pensando que Marcial no murió (pero ya me lo han explicado). No obstante, estos tres truhanes holandeses brindaron una gran noche a base de lo que mayormente les da de comer: el pop.


Fotografía expuesta con el único propósito legal de nuestra asistencia a dicho concierto sin chandal y sin calcetines de rombos (pero eso no se ve).


Bien es cierto que todo lo que venga de Holanda nos tiene conquistados por el mero hecho de sus galletas con relleno de caramelo (todo el mundo debería probarlas), aunque no se sabe si tanto como para llegar al concierto con puntualidad exquisita, aunque mis compañeros habituales de conciertos ya saben que me gusta ser el primero que deja el abrigo en el ropero (la música es lo de menos), por ello hubo que esperar unos tres cuartos de hora, en donde gracias a la generosidad de la sala, una tele emitía sin sonido “Cuéntame”; pero no se preocupen, no perdimos hilo del capítulo, con Toni y los rojos, Antonio es estafado por un señor que lleva un traje más caro que el suyo, Carlitos y las chavalas, etc. Tras la esperada aparición del grupo por el escenario, el guitarrista se fue a hacer pis, la cerveza estaba caliente y hubo que esperar, pero a partir de ahí casi todo fue bueno, lo explico:


Arjan Spies, Mark Wesseloo, Gerrit Scholten y Jelle Verhoeks después de montar el sofá Räkorperuk de Ikea y comprobar que aún les falta el resto del mobiliario.

Mark And The Spies se distinguen en sus dos estupendos discos por hacer un pop de canciones nada desechables, que con un poquito del garaje que tanto nos pone, y un poquito de Merseybeat a la holandesa les convierte en hacedores de unas melodías redondas y facturadas con todo lo bueno de los sonidos sesenteros. Así podríamos decir que transcurrió el concierto, tocando “Wait Forever”, una coreada joya como “But I Do”, “It Don´t Matter To You” o “Hers To Keep”, con esas maneras de buenos chicos que han ido a un buen colegio y bajaban la basura sin quejarse por los cuatro cubos de reciclado. Lo que pocos esperaban (o los que no les habíamos visto en directo) es que esa apariencia la dejan un poco de lado y empiezan a soltar bastante más energía en las canciones que la que tienen en sus discos, fueron cayendo “Another Chance”, el inmediato hit “Won´t Work On Me” y “Ain´t Got No Time” (con esos perfectos coros que se gastan y que ya querrían los niños de San Ildefonso) completando durante toda la noche buena parte de sus dos álbumes. Para terminar el fin de fiesta presentaron single, nos sacaron lo mejor de nuestra voz (muy parecida a la de Barney tras ingerir el zumo de zanahoria y peyote) con “You Got It” y una alargada e impactante versión de “Ace Of Spades” con guitarras al viento que dejaron una idea en el público presente: “I Want More”. Por poner una pega a la noche, una sala un poco más pintona les habría hecho lucir algo más (que no me entiendan mal lo de La Pequña Betty, se valora mucho su apuesta por grupos, de gran calidad por cierto, en directo).

Para acabar, un video patrocinado por los chalecos de Metro de Madrid, Algasiv, y con un presentador al que fregaría uno de los vasos de su mesa o le dejaría sin media perilla si veo que coge así uno de mis discos, aún no lo tengo claro.

Servidor: megaupload. Contraseña: peluquin
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Sala La Pequeña Betty (hamburguesas en el piso de arriba), Madrid, 1 de Octubre de 2009

Los que nos siguen visualmente en garajeland, sabrán que en nuestra línea editorial (Tomás: ¿Tenemos línea editorial?) nos quejamos mucho, escribimos poco, y si lo hacemos sobre un concierto tiene que pasar el tiempo necesario para que se nos olviden todas las canciones y este pase a ser de la época de antaño a casi legendario. Más o menos el uno de Octubre nos acercamos a ver al que es (en mi opinión, faltaría más) el grupo que ha grabado mi disco favorito del año, Mark And The Spies. Era principios de Octubre y hacía veinte grados (como ahora), también se hablaba de las corrupciones políticas (como ahora), el Alcorcón optaba al ascenso y al título de copa (como ahora también) y yo seguía pensando que Marcial no murió (pero ya me lo han explicado). No obstante, estos tres truhanes holandeses brindaron una gran noche a base de lo que mayormente les da de comer: el pop.


Fotografía expuesta con el único propósito legal de nuestra asistencia a dicho concierto sin chandal y sin calcetines de rombos (pero eso no se ve).


Bien es cierto que todo lo que venga de Holanda nos tiene conquistados por el mero hecho de sus galletas con relleno de caramelo (todo el mundo debería probarlas), aunque no se sabe si tanto como para llegar al concierto con puntualidad exquisita, aunque mis compañeros habituales de conciertos ya saben que me gusta ser el primero que deja el abrigo en el ropero (la música es lo de menos), por ello hubo que esperar unos tres cuartos de hora, en donde gracias a la generosidad de la sala, una tele emitía sin sonido “Cuéntame”; pero no se preocupen, no perdimos hilo del capítulo, con Toni y los rojos, Antonio es estafado por un señor que lleva un traje más caro que el suyo, Carlitos y las chavalas, etc. Tras la esperada aparición del grupo por el escenario, el guitarrista se fue a hacer pis, la cerveza estaba caliente y hubo que esperar, pero a partir de ahí casi todo fue bueno, lo explico:


Arjan Spies, Mark Wesseloo, Gerrit Scholten y Jelle Verhoeks después de montar el sofá Räkorperuk de Ikea y comprobar que aún les falta el resto del mobiliario.

Mark And The Spies se distinguen en sus dos estupendos discos por hacer un pop de canciones nada desechables, que con un poquito del garaje que tanto nos pone, y un poquito de Merseybeat a la holandesa les convierte en hacedores de unas melodías redondas y facturadas con todo lo bueno de los sonidos sesenteros. Así podríamos decir que transcurrió el concierto, tocando “Wait Forever”, una coreada joya como “But I Do”, “It Don´t Matter To You” o “Hers To Keep”, con esas maneras de buenos chicos que han ido a un buen colegio y bajaban la basura sin quejarse por los cuatro cubos de reciclado. Lo que pocos esperaban (o los que no les habíamos visto en directo) es que esa apariencia la dejan un poco de lado y empiezan a soltar bastante más energía en las canciones que la que tienen en sus discos, fueron cayendo “Another Chance”, el inmediato hit “Won´t Work On Me” y “Ain´t Got No Time” (con esos perfectos coros que se gastan y que ya querrían los niños de San Ildefonso) completando durante toda la noche buena parte de sus dos álbumes. Para terminar el fin de fiesta presentaron single, nos sacaron lo mejor de nuestra voz (muy parecida a la de Barney tras ingerir el zumo de zanahoria y peyote) con “You Got It” y una alargada e impactante versión de “Ace Of Spades” con guitarras al viento que dejaron una idea en el público presente: “I Want More”. Por poner una pega a la noche, una sala un poco más pintona les habría hecho lucir algo más (que no me entiendan mal lo de La Pequña Betty, se valora mucho su apuesta por grupos, de gran calidad por cierto, en directo).

Para acabar, un video patrocinado por los chalecos de Metro de Madrid, Algasiv, y con un presentador al que fregaría uno de los vasos de su mesa o le dejaría sin media perilla si veo que coge así uno de mis discos, aún no lo tengo claro.

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jueves, 5 de noviembre de 2009



NRBQ - At Yankee Stadium (1978)

Se rumorea por las calles de cerca de un mercado que en Nueva York hay dos equipos de béisbol; uno son los Mets, paradigma del perdedor, nunca ganan al equipo vecino y tienen un pobre historial de copas donde sólo se incluye el Ramón de Carranza como el más importante. El vecino son los Yankees, un equipo que gana aproximadamente todos los años la liga, todos los partidos sin excepción a los Mets, tiene una brillante historia y a los jugadores, entrenadores, directivos, aficionados y utilleros más legendarios que se conocen en ese inexplicable deporte (no hago la comparación futbolística local, porque no es ni el día, ni el año, ni la localidad correcta para hacerlo). Su estadio es el Yankee Stadium, una catedral del poderío del equipo y de sus éxitos; pues bien, algún cable se les cruzaron a nuestros amigos de NRBQ cuando decidieron que su sexto disco se llamaría “At Yankee Stadium” (por supuesto, no está grabado allí) siendo el grupo que ha estado más a destiempo en la historia de la música, y que han sido timados, estafados y apartados del éxito comercial por parte de discográficas y gente con traje durante toda su carrera. En definitiva, ¿tiene algo bueno este disco?, yo creo que sí: que probablemente sea la colección de grandes canciones mejor oculta del mundo del rock and roll (ya estamos con las exageraciones).

Espectacular documento gráfico de NRBQ viendo como pierden los Yankees contra el Alcorcón.

Enerbikjiu, enerrebecú para los península-hablantes, se forman gracias a que Terry Adams se desplaza de su original Kentucky en busca de discretas camisas y nuevas experiencias a uno de los estados musicales más anodinos de la unión: Florida. Y no lo digo por nada, pero es que por allí es donde se ha ido a vivir Julio Iglesias, y eso como poco conlleva que se vende tanto moreno de bote como anuncios a favor del cáncer de piel. Allí se encuentra con un grupo en el que milita Joe Spampinato (un hincha de los Yankees) y sufren una de esas transfusiones mentales que les hace compartir gustos musicales, culinarios y los billetes de diez viajes del autobús. En sus primeros años, en formación de Quintet, se mudan a Brooklyn en donde tocan por diversos clubes de la zona versioneando a los clásicos del rock and roll que tanto les han influido. A finales de los sesenta firman sus dos primeros discos con Columbia, que pasan de ellos al ver que no consiguen ni un sólo éxito de ventas pese a grabar con su idolatrado Carl Perkins el LP “Boppin’ The Blues”. No les iría mucho mejor el trato con su segunda discográfica: Kama Sutra, donde grabaron dos de sus mejores discos (Scraps y Workshop), pero les rescinden contrato y les impiden grabar durante tres años ante los pobres beneficios económicos que aportan a las arcas. El atisbo de luz parece llegar con el LP “All Hope Up” y un potencial éxito de ventas, “Ridin´ In My Car”, como nos cuenta Pepo, una joya del pop que no pasó de triunfar en cuatro tugurios de Connecticut y el camión de un señor llamado Red Barcklay.

El sexto álbum sería este Yankee Stadium, en el que se completa la formación clásica del New Rhythm and Blues Quartet con el guitarrista Al Anderson (con ellos desde Scraps) y con el baterista Tom Ardolino, un fan del grupo asiduo en sus conciertos y colega de Terry Adams mediante correspondencia, que fue llamado a los parches por éste al comprobar que el batería original no se había presentado al concierto. Tom dejó al público abajo y se subió a tocar con sus ídolos (alguno no notó su presencia hasta bien entrado el concierto), y tras más de veinte años sigue en el grupo, no lo debió de hacer mal. Este disco es de los más sólidos de su carrera, signifique lo que signifique eso. Todas las canciones son fabulosas, y como las voces críticas ya me han dicho que se me nota mucho cuando un grupo me gusta aviso que con este hay poca objetividad. Quedarse con alguna canción en concreto es casi imposible, en la primera parte se encuentra la arrolladora versión de “Get Rhythm” que apareció en el nada exitoso recopilatorio de garajeland, “Green Lights” que es como suena el pop cuando no está en manos de productores con muñones por dedos. Aunque si una canción me gusta de esta primera parte del disco es “That´s Neat, That´s Nice” ¿las razones? ¿Quién necesita razones cuando se desprende esos aires cerveceros de grupo que está improvisando en algún tugurio de Nueva Orleans? La segunda parte cuenta con “The Same Old Thing”, “Talk To Me” o la versión del “Shake, Rattle And Roll”. En definitiva cuatro músicos excelentes que dejan de lado el virtuosismo para ponerse de lado de la fabricación de grandes canciones, pasando por prácticamente todos los estilos de la música popular americana (al menos los que gustan en el departamento de garajeland). Que nadie se sorprenda si en un disco de NRBQ te encuentras una improvisación de jazz seguida de una abrasiva versión de Johnny Cash y precedida del pop más tierno de “I Love Her, She Loves Me”. En definitiva eso es NRBQ, algo que no entendió la gente de Mercury que no aguantó más que este disco con ellos (¿nadie se lo esperaba a estas alturas?), quizás porque les traía de cabeza encajar a la banda en algún estilo y venderlo (un problema que nunca han tenido los diseñadores de gafas de Elton John) viendo que corría el año setenta y ocho y estos cuatro tarados seguían idolatrando a grupos de los cincuenta y sesenta.

Cuando extremidades superiores pierden toda lógica con el tronco deja de ser un abrazo amistoso para ser uno de “¿pero por qué me odia este tío?” La cara de Steve Ferguson revela que no es él quien está sufriendo

Pese a que este último mes ha sido duro para el grupo, con la pérdida del primer guitarrista, Steve Ferguson, y la suplantación de identidad por parte de un plan de defensa nuclear de la Guardia Civil que precisamente se llama NRBQ, ellos siguen dando conciertos (raramente cerca de la península), totalmente impredecibles ya que su listado de temas es de unos treinta folios por las dos caras en Arial nueve y cursiva (en esta interesante entrevista dicen que más de quinientas) e incluso en muchos de estos bolos únicamente atienden a peticiones del público, sean del artista que sea, y si se la saben, suelen tocarla con estilo y saber estar. Muchos aficionados siguen descubriendo este grupo y compañeros de gremio les admiran: Scott McCaughey, Wilco, los Posies (en vertiente ancha y delgada), Bonnie Raitt (que ya tocó con ellos), REM, Mike Sculli (cuando fue director de los Simpsons aprovechó para colar canciones y una actuación del grupo en un bar de carretera), y algún que otro famoso como Elvis Costello, Carl Perkins, Bob Dylan, Keith Richards, Paul McCartney... , y todo lo extraordinario de esta historia es que lo han hecho sin un mísero éxito de ventas.


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NRBQ - At Yankee Stadium (1978)

Se rumorea por las calles de cerca de un mercado que en Nueva York hay dos equipos de béisbol; uno son los Mets, paradigma del perdedor, nunca ganan al equipo vecino y tienen un pobre historial de copas donde sólo se incluye el Ramón de Carranza como el más importante. El vecino son los Yankees, un equipo que gana aproximadamente todos los años la liga, todos los partidos sin excepción a los Mets, tiene una brillante historia y a los jugadores, entrenadores, directivos, aficionados y utilleros más legendarios que se conocen en ese inexplicable deporte (no hago la comparación futbolística local, porque no es ni el día, ni el año, ni la localidad correcta para hacerlo). Su estadio es el Yankee Stadium, una catedral del poderío del equipo y de sus éxitos; pues bien, algún cable se les cruzaron a nuestros amigos de NRBQ cuando decidieron que su sexto disco se llamaría “At Yankee Stadium” (por supuesto, no está grabado allí) siendo el grupo que ha estado más a destiempo en la historia de la música, y que han sido timados, estafados y apartados del éxito comercial por parte de discográficas y gente con traje durante toda su carrera. En definitiva, ¿tiene algo bueno este disco?, yo creo que sí: que probablemente sea la colección de grandes canciones mejor oculta del mundo del rock and roll (ya estamos con las exageraciones).

Espectacular documento gráfico de NRBQ viendo como pierden los Yankees contra el Alcorcón.

Enerbikjiu, enerrebecú para los península-hablantes, se forman gracias a que Terry Adams se desplaza de su original Kentucky en busca de discretas camisas y nuevas experiencias a uno de los estados musicales más anodinos de la unión: Florida. Y no lo digo por nada, pero es que por allí es donde se ha ido a vivir Julio Iglesias, y eso como poco conlleva que se vende tanto moreno de bote como anuncios a favor del cáncer de piel. Allí se encuentra con un grupo en el que milita Joe Spampinato (un hincha de los Yankees) y sufren una de esas transfusiones mentales que les hace compartir gustos musicales, culinarios y los billetes de diez viajes del autobús. En sus primeros años, en formación de Quintet, se mudan a Brooklyn en donde tocan por diversos clubes de la zona versioneando a los clásicos del rock and roll que tanto les han influido. A finales de los sesenta firman sus dos primeros discos con Columbia, que pasan de ellos al ver que no consiguen ni un sólo éxito de ventas pese a grabar con su idolatrado Carl Perkins el LP “Boppin’ The Blues”. No les iría mucho mejor el trato con su segunda discográfica: Kama Sutra, donde grabaron dos de sus mejores discos (Scraps y Workshop), pero les rescinden contrato y les impiden grabar durante tres años ante los pobres beneficios económicos que aportan a las arcas. El atisbo de luz parece llegar con el LP “All Hope Up” y un potencial éxito de ventas, “Ridin´ In My Car”, como nos cuenta Pepo, una joya del pop que no pasó de triunfar en cuatro tugurios de Connecticut y el camión de un señor llamado Red Barcklay.

El sexto álbum sería este Yankee Stadium, en el que se completa la formación clásica del New Rhythm and Blues Quartet con el guitarrista Al Anderson (con ellos desde Scraps) y con el baterista Tom Ardolino, un fan del grupo asiduo en sus conciertos y colega de Terry Adams mediante correspondencia, que fue llamado a los parches por éste al comprobar que el batería original no se había presentado al concierto. Tom dejó al público abajo y se subió a tocar con sus ídolos (alguno no notó su presencia hasta bien entrado el concierto), y tras más de veinte años sigue en el grupo, no lo debió de hacer mal. Este disco es de los más sólidos de su carrera, signifique lo que signifique eso. Todas las canciones son fabulosas, y como las voces críticas ya me han dicho que se me nota mucho cuando un grupo me gusta aviso que con este hay poca objetividad. Quedarse con alguna canción en concreto es casi imposible, en la primera parte se encuentra la arrolladora versión de “Get Rhythm” que apareció en el nada exitoso recopilatorio de garajeland, “Green Lights” que es como suena el pop cuando no está en manos de productores con muñones por dedos. Aunque si una canción me gusta de esta primera parte del disco es “That´s Neat, That´s Nice” ¿las razones? ¿Quién necesita razones cuando se desprende esos aires cerveceros de grupo que está improvisando en algún tugurio de Nueva Orleans? La segunda parte cuenta con “The Same Old Thing”, “Talk To Me” o la versión del “Shake, Rattle And Roll”. En definitiva cuatro músicos excelentes que dejan de lado el virtuosismo para ponerse de lado de la fabricación de grandes canciones, pasando por prácticamente todos los estilos de la música popular americana (al menos los que gustan en el departamento de garajeland). Que nadie se sorprenda si en un disco de NRBQ te encuentras una improvisación de jazz seguida de una abrasiva versión de Johnny Cash y precedida del pop más tierno de “I Love Her, She Loves Me”. En definitiva eso es NRBQ, algo que no entendió la gente de Mercury que no aguantó más que este disco con ellos (¿nadie se lo esperaba a estas alturas?), quizás porque les traía de cabeza encajar a la banda en algún estilo y venderlo (un problema que nunca han tenido los diseñadores de gafas de Elton John) viendo que corría el año setenta y ocho y estos cuatro tarados seguían idolatrando a grupos de los cincuenta y sesenta.

Cuando extremidades superiores pierden toda lógica con el tronco deja de ser un abrazo amistoso para ser uno de “¿pero por qué me odia este tío?” La cara de Steve Ferguson revela que no es él quien está sufriendo

Pese a que este último mes ha sido duro para el grupo, con la pérdida del primer guitarrista, Steve Ferguson, y la suplantación de identidad por parte de un plan de defensa nuclear de la Guardia Civil que precisamente se llama NRBQ, ellos siguen dando conciertos (raramente cerca de la península), totalmente impredecibles ya que su listado de temas es de unos treinta folios por las dos caras en Arial nueve y cursiva (en esta interesante entrevista dicen que más de quinientas) e incluso en muchos de estos bolos únicamente atienden a peticiones del público, sean del artista que sea, y si se la saben, suelen tocarla con estilo y saber estar. Muchos aficionados siguen descubriendo este grupo y compañeros de gremio les admiran: Scott McCaughey, Wilco, los Posies (en vertiente ancha y delgada), Bonnie Raitt (que ya tocó con ellos), REM, Mike Sculli (cuando fue director de los Simpsons aprovechó para colar canciones y una actuación del grupo en un bar de carretera), y algún que otro famoso como Elvis Costello, Carl Perkins, Bob Dylan, Keith Richards, Paul McCartney... , y todo lo extraordinario de esta historia es que lo han hecho sin un mísero éxito de ventas.


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