Reconocer las cosas no es fácil, más si uno tiene que confesar que sale de la ducha cantando "Just A Gigolo", pero hoy tengo que reconocer que hice caso omiso a diversas voces como las de la estupenda web powerpop action, o al mismísimo Juanito Lebrel, cuando decían que el último disco de los Len Price 3 pintaba tan bien. Debo reconocer que su fecha de publicación anda rayando el año presente, y que sin llegar a los extremos de nuestro doctor Troy McClure (tan metido últimamente en el blues del siglo XIX considera una novedad la primera grabación de Robert Johnson en siete pulgadas para equipo monoaural), a algunos nos cuesta encontrar novedades que merezcan la pena más allá del mundial de Naranjito. Menos mal que la última entrega del trío británico con camisetas del H&M, toca muchos de los palos que más nos gustan por este bloc, con la brevedad que caracteriza mi vida cotidiana y que ellos hacen que vaya un poco más deprisa.
Tres en una misma cama y uno con un libro infantil del revés, esto no son los Len Price 3, ¡Es la casa de los Bush!
Los Len Price 3 proceden de la zona del Medway británico, algo así como una cosa cerca de Londres, a la vez cerca del mar, pero por la que también pasa un río de mismo nombre que desemboca en el Támesis y por la que a su vez puede llegar a pasar muy poco salvo más de una nube que prefiere quedarse cerca de tu casa. Quizás una estampa que a alguien como a este trío sólo le animaran unos discos de los Who, de los Small Faces o de los Kinks. Tras un par de primeros álbumes bastante recomendables como son Chinese Burn y Rent A Crowd, el grupo formado por Glenn Page como guitarra y voz, Neil Fromow como batería y más voces, al que aun no he conseguido sacarle un parecido razonable, y Steve Huggins al bajo; ha conseguido superarse en un disco repleto de intensidad y unas miras mucho mejor enfocadas a las tonadas sesenteras, de la cual no sabemos si tendrá culpa Jim Reiley y Graham Day metiendo mano en la producción repleta de captura sonidos viejunos.
El artiligio imprescindible
Las canciones de Pictures suenan urgentes, de apenas dos minutos, lo cual convierte su escucha en escasamente media hora repleta de una intensidad, que si bien habría que ubicarla en su gran mayoría por una querencia absoluta por el garage, no es descartable, debido a la ya comentada influencia de la melodía pop, encontrarse con algún trallazo powerpopero como (una de mis favoritas) “After You´re Gone” o retazos punk al más puro estilo de los Clash. Es seguro que superar a los Who, o las historias que cuenta Ray Davies con los Kinks es francamente difícil, pero es de agradecer la frescura que aporta el disco escuchando “Keep Your Eyes On Me”, “I Don´t Beleive In You”, la cachonda “The Girl Who Became A Machine” y algunos pepinos que dejan sin aliento, no por el tamaño del mismo sino por la velocidad a la que discurren como “You Tell Lies” o “Under The Thumb”. Si a los ingredientes del garage, el punk, y el pop, le añadimos unas dosis del humor inglés del que muchos supimos su existencia hasta la llegada a España de Michael Robinson, tenemos sin duda un buen alimento que llevarse a la boca en estos duros tiempos. Además, si te haces con la edición vinílica te obsequian con un cd con canciones extras que sólo encontrarás en dicho formato, o en este bloc.
Ellos mismos afirman “La vida es corta y la gente está muy ocupada, así es que Len Price 3 golpea a la audiencia fuerte y rápido, antes de que sus mentes empiecen a preguntarse a quién van a votar para la próxima nominación del Gran Hermano o que van a tomar con el té.” Poco más que añadir, y es que puedo dar fe de ello, les vimos en un concierto de apenas cincuenta minutos, y el escaso medio centenar de personas allí congregadas salimos noqueados ante esos niveles de celeridad e intensidad, que incluso dejan al cantante con los ojos fuera de sus propias cuencas oculares.
Si quieres comentar cuál es tu disco más escuchado del año, realizaremos una crítica del mismo con la poco profesionalidad que nos caracteriza, hayamos escuchado o no tu rodaja favorita.
"Venga hombre, he tenido una noche difícil y no soporto a los putos Eagles"
Jeff Lebowski, El Nota, el tipo más vago del condado de Los Angeles, lo que puede convertirle en la persona más vaga del mundo si exceptuamos al condado de Treviño y a los miembros de este bloc. Alguien que además de vago, piensa como muchos otros que Metallica son unos gilipollas. El Nota, un tipo que así de primeras, si no lo definiera como alguien muy vago diría como poco que es un tirado sin oficio ni beneficio. También está Walter, que no es aparentemente un gandul, pero que por alguna razón un casquillo se le quedó insertado en el lóbulo parietal durante la guerra del Vietnam, si no, no se entiende que años más tarde vista un chaleco como el del kiosquero de mi barrio. También está Donny, parece una persona interesante. Walter no suele dejarle hablar. También hay una alfombra meada de por medio. Y también está un grupo de California, la Creedance Clearwater Revival, que hace la vida del Nota y la de muchos otros bastante más llevadera.
El Nota buscando en Carrefour el gazpacho de la huerta de Bertín.
La vida de El Nota discurre sin sobresaltos, es uno de los que escribió la declaración de Port Huron (no del segundo borrador pactado), fue uno de los siete de Seattle junto a otros seis tipos y aunque su carrera es algo más lenta últimamente puede jugar a los bolos, conducir por ahí y darse un viaje ácido de vez en cuando. Todo se complica cuando un asiático americano de nacionalidad indefinida orina en su alfombra. Desconozco si alguien a miccionado alguna vez en la alfombra de John Fogerty, si bien su discográfica, Fantasy Records, miccionó de alguna manera en su salud mental al apropiarse durante un periodo más largo que corto de todos los beneficios obtenidos por las canciones que el mismo escribió. Engañado y estafado se sintió el pobre John. Y con razón.
Walter, Nota y Donny frente a Smokey, el pacifista al que Guardiola robó la idea del fútbol y unos cuantos jerseises de pico. Ahora juega la liga de bolos.
A El Nota sólo le intenta estafar alguien con el mismo nombre, curiosamente el marido de una joven de generosos atributos y que acumula una deuda que ha provocado la equivocación de mear en la alfombra que daba ambiente a la habitación de su Notísima. La posición social del otro Lebowski no es la del Nota y sufre en una silla de ruedas tras perder las piernas a manos de un chino en Corea, lo cual hace sospechar a Walter profundamente de este aparentemente gran hombre, tanto, que tira abajo el plan de rescate de la secuestrada mujer florero de Lebowski, del millonario, mientras en el coche suena “Run Through the Jungle”.
Unos ganchitos y Triskis de más, y ahí tienen la viva estampa de una tarde en garajeland viendo el desfile de moda de caballero para
Pues este señor tiene una hija que hace arte vaginal, con el corte de pelo de Las Virtudes, con amigos realmente rarunos, con una colección de discos en la que puedes encontrar a Autobahn, y que por una razón más extraña que la ropa del Alcampo que viste El Nota, siente cierta atracción hacia él. Dicha atracción convierte a El Nota en un claro aspirante a pasar por una serie de auscultaciones en una clínica minuciosa, pero que a la salida te permite escuchar “Looking Out My Back Door”. Y de este momento puedo decir que ya no suenan más canciones de los estupendos hermanos Fogerty en la película.
¿Y por qué no meten el enlace de Cosmo´s Factory y sí de Green River si las dos canciones mencionadas aparecen en el primer álbum? Pensará el avezado lector. Bueno, pues porque toda la discografía de CCR es casi irreprochable. Y porque aquí, además de “Green River”, puede encontrar estupendas canciones como “Tombstone Shadow”, “Bad Moon Rising” o “Lodi” ideales para llevar en el casete del coche, amén de otros cortes que puedo casi asegurar que no encontraran en otro bloc.
Gracias a los sabios consejos de los colegas, El Nota consigue resolver el caso de su alfombra, el secuestro de la chica florero, la atracción sexual de la hija del otro Lebowski y recuperar daños y perjuicios. El Nota, como John Fogerty, aguanta, incluso a este último hubo quien tuvo la suerte de verle no hace mucho por tierras ibéricas,y por supuesto, ningún malo de la industria ha conseguido acabar con sus canciones.
El gran Lebowski en versión corta. Nota: no añadimos traducción.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Grupo Nins, banda para menores de ocho años o con serios problemas de hacer amigos adultos. También conocida como el grupo marca blanca de Parchís (a Enrique y Ana ni los miento), los auténticos jefes de todo esto del movimiento de bandas infantiles, que en España vivió sus años de esplendor en los años ochenta, como años atrás la música pop tuvo unos años de esplendor bajo el techo del Swingin London sesentero (y tras la escucha de las canciones de Regaliz tengo serias dudas de quien va más empapado de LSD). La procedencia del grupo musical es de la fundación de mismo nombre, que tiene la loable misión de hacer que los niños jueguen como niños. Y aunque en garajeland siempre apoyaremos esa premisa por encima de la que deberían estar jugando a fabricar las bonitas zapatillas que lucimos en los pinreles, meterse en un terreno que no sea el estrictamente musical no es de nuestra (también) loable manera de vivir.
Nuggets: Original Artyfacts from the First Psychedelic Era, 1965-1968
Como decía, el grupo vive el esplendor en los años ochenta, aunque ya eran veteranos de la escena. Debatir sobre sus miembros es realmente una investigación digna de la enciclopedia británica, ya que a diferencia de grupos como, mismamente los Stones, aquí en cuanto uno se hace mayor y le cambia la voz por la de Ramón Langa (por no hablar de esos incómodos pelillos que empiezan a salir donde antes no había) le dan el bote, con la consecuente restructuración del grupo cada poco tiempo. Por no cargar demasiado la capacidad cognitiva, crítica y de razonamiento de los lectores de este bloc me centraré en comentar tan sólo mis éxitos favoritos.
En el puesto número uno, indiscutible, la canción de Naranjito. Tintes pop, gran letra alusiva a la chaparrez del cítrico mascota del Mundial que debería de haber ganado Honduras, y presentación mítica donde las haya con Pepe Domingo Castaño mucho antes de convertirse en el becario más famoso de España anunciante de encimeras Silestone. Coreografía que raya por lo alto pese a lo complicado que tienen los chicos darse la vuelta al unísono, seguramente propiciado por lo apretados que le quedan los calcetines, cortando cualquier atisbo de riego sanguíneo de pantorrillas para abajo. Si estás pensando que ya habías visto esos pasos, sí, actualmente se pueden ver plagiados de forma indiscriminada por las chicas Tchin Tchin de Alain Affelou. A partir del segundo minuto, el vídeo deja de lado un feo balón de fondo para emitir el gol que Kempes le cascó a Holanda en la final del setenta y ocho (con lo bien que hubiera quedado el fallo de Cardeñosa contra Brasil). Tremebunda canción.
Grupo Nins o el cadete A de fútbol sala del Celtic de Glasgow
En el puesto número dos, desde las más oscuras cavernas, “Campeón”. Canción más garagera que la anterior, con letra de gran carisma muy influenciada por Bruce Springsteen. El chico rubiales toma el protagonismo del tema pese a que se le ve bastante puteado por ir haciendo movimientos con el dedo índice, acto seguido levantar el puño y el movimiento de salto invertido al unísono con sus compañeros. Como mal endémico del tema quedará ese sonido órgano Casio que SIEMPRE tiene que atronar en las canciones infantiles, en lo que a mi opinión, puede acarrear secuelas importantes en la vida de un menor si no se le compensa debidamente con la reiterada escucha de los tres acordes de Rumble de Link Wray. Con lo bien que queda el Wurlitzer para según qué cosas. Coreografía más rápida, pero el chico bajito no saldrá bien parado en el colegio cuando le vean rodeado de dos chicas que le sacan ampliamente cabeza y media (y esto lo sé por experiencia).
"Asterix": una perfecta melodía que unía como nadie el sonido del puesto donde se sacan los billetes del tren de la bruja y el sintetizador utilizado por la Human League o Soft Cell. El enérgico ritmo y unas angulares voces Post Punk crean la cadencia necesaria para entrar a un estribillo lleno de alegorías hacia los poderes físicos de los galos de la época. Si bien actualmente alguno de nosotros prefiriera que los romanos fueran los que dejaran sin dientes, por poner, a su actual presidente, el visionado completo del vídeo deja a entender que los chicos descarriados que no gustaran de estas canciones acabarían recorriendo los fines de semana otros escenarios llenos de luces de colores en los bordes de la carretera de Valencia.
Parchis: Las cuatro fichas y el fondo de tablero. Apuesten por quién se llevó más collejas en el colegio.
Por último, me quedo con “Despedida Nins”, canción de vídeo absolutamente pagano con unos osos panda a los instrumentos, en donde se incluye a uno de estos mamíferos (con barba) tocando el contrabajo. Como todos los grupos en el ocaso de sus composiciones, aquí se les ve mucho más maduros, tanto en las composiciones, de tono mucho más progresivo, como en su vestuario, si bien siempre se les identificó por vestir como se debe y no como con los atuendos hipiescos de sus coetáneos.
Para saber más del grupo NINS puedes conocer directamente su historia a través de su creadora, que tiene un blog y lo cuenta con todo detalle de nombres y fechas, mucho mejor de lo que lo puedes hacer aquí, en donde los datos son francamente irrelevantes y de dudosa procedencia. No quisiera sino más que despedirme y desear lo mejor a quién haya pasado por aquí, buena salud y un seguro médico de calidad, ya que servidor, después de ver seguidos los cuatro vídeos no he podido articular palabra.
jueves, 21 de octubre de 2010
Gentleman Jesse And His Men (2008)
El proyecto powerpopero del bajista de los Carbonas, Jesse Smith, ha conseguido que cada vez que escuche su debut me vuelva mejor persona. Quizás esa no es la palabra, demasiada exagerada y con la que no estoy demasiado familiarizado, quizás voy más feliz por la vida. Es que veo por la calle a MacGyver con un perro miccionando en una alfombra y voy a darles un abrazo, a los dos. La vida es así, pones un poco de New Wave en tu existencia y olvidas por completo que en algún momento perdiste tu denuncia a la colonia Jack´s por publicidad engañosa. Ahora me perfumo con el aroma del gazpacho a Bertín, pero este chico y sus hombres (quien lo iba a decir) me entusiasman un día tras otro.
Gentleman Jesse y sus chicos en una de las bodas de Sara Montiel
Como comentaba, del proyecto se encarga Jesse Smith, bajista de los punkarras de Atlanta Carbonas, pero ahora metido de lleno a la Rickembacker de seis cuerdas. En la aventura le acompaña el propio bataca de los Carbonas, Dave Rahn, que además se encarga de la propia grabación del disco. Algo digno de un estudio o de una charla de punks anónimos, es como han reconvertido sus principales trabajos en un disco cargado de grandes melodías y juegos de voces, pero es posible que la inclusión de Craig Johnson a otra guitarra, y el bajo de Dustin Nigro tengan algo que ver en su transformación.
Jesse Smith y el perro que orinó en su alfombra. Haga lo que hicieron sus padres: Busque un empleo.
La portada del disco ya da indicios de por dónde pueden ir los tiros del álbum: This Years Model de Elvis Costello, la compra de cámaras Yashica, o un guiño a la foto avatar que tiene el que escribe estas líneas (opción que cada vez va cogiendo más fuerza). Sin duda el sonido New Wave de las primeras grabaciones del sello Stiff Records se muestran muy presentes, corriendo como es natural ese regustillo a Punk de las grabaciones de esa época de antaño. Las trece canciones del disco tienen una frescura abrumadora, tras un inicio con doble canción llega “All I Need Tonight (Is You)”, un absoluto clásico inmediato, una canción que como otras tantas del álbum entran con gran facilidad, sin vaselina de por medio y cuando menos te lo esperas. Le sigue “Rest Of My Days”, otro corte de tinte más garagero y con una gran moraleja de lo que puede hacer uno durante lo que nos queda de existencia. Tras estos dos imprescindibles temas algún que otro plato fuerte que no se te quitará de la cabeza, “Attention” y especialmente la inmediata de grandes armonías vocales “You Don´t Have To (If You Don´t Want To)”. Si crees que con cuatro canciones esenciales no tienes suficientes, puedes disfrutar la versión de uno de los grupos que huelen como la camiseta de Otto, los reggae The Equals y su “I Get So Excited”, y otros irrechazables escritos del caballero: “Wrong Time”, “If I Can See You (You´re Too Close To Me)” (A estos chicos les gustan tanto los paréntesis como a mí) y “Put Your Hands Together”.
Puede que treinta y cinco minutos no sean suficientes para encauzarme por el buen camino de la bondad y la generosidad, pero aseguro que cuando uno se cruce con alguien que vaya escuchando este mismo disco, una sonrisa cruzará de oreja a oreja, seas de este planeta o de cualquier otro.
Es posible que estar más de dos minutos saltando sin parar no tenga excusa, pero estar tan excitada tiene justificación.
Gentleman Jesse And His Men (2008)
El proyecto powerpopero del bajista de los Carbonas, Jesse Smith, ha conseguido que cada vez que escuche su debut me vuelva mejor persona. Quizás esa no es la palabra, demasiada exagerada y con la que no estoy demasiado familiarizado, quizás voy más feliz por la vida. Es que veo por la calle a MacGyver con un perro miccionando en una alfombra y voy a darles un abrazo, a los dos. La vida es así, pones un poco de New Wave en tu existencia y olvidas por completo que en algún momento perdiste tu denuncia a la colonia Jack´s por publicidad engañosa. Ahora me perfumo con el aroma del gazpacho a Bertín, pero este chico y sus hombres (quien lo iba a decir) me entusiasman un día tras otro.
Gentleman Jesse y sus chicos en una de las bodas de Sara Montiel
Como comentaba, del proyecto se encarga Jesse Smith, bajista de los punkarras de Atlanta Carbonas, pero ahora metido de lleno a la Rickembacker de seis cuerdas. En la aventura le acompaña el propio bataca de los Carbonas, Dave Rahn, que además se encarga de la propia grabación del disco. Algo digno de un estudio o de una charla de punks anónimos, es como han reconvertido sus principales trabajos en un disco cargado de grandes melodías y juegos de voces, pero es posible que la inclusión de Craig Johnson a otra guitarra, y el bajo de Dustin Nigro tengan algo que ver en su transformación.
Jesse Smith y el perro que orinó en su alfombra. Haga lo que hicieron sus padres: Busque un empleo.
La portada del disco ya da indicios de por dónde pueden ir los tiros del álbum: This Years Model de Elvis Costello, la compra de cámaras Yashica, o un guiño a la foto avatar que tiene el que escribe estas líneas (opción que cada vez va cogiendo más fuerza). Sin duda el sonido New Wave de las primeras grabaciones del sello Stiff Records se muestran muy presentes, corriendo como es natural ese regustillo a Punk de las grabaciones de esa época de antaño. Las trece canciones del disco tienen una frescura abrumadora, tras un inicio con doble canción llega “All I Need Tonight (Is You)”, un absoluto clásico inmediato, una canción que como otras tantas del álbum entran con gran facilidad, sin vaselina de por medio y cuando menos te lo esperas. Le sigue “Rest Of My Days”, otro corte de tinte más garagero y con una gran moraleja de lo que puede hacer uno durante lo que nos queda de existencia. Tras estos dos imprescindibles temas algún que otro plato fuerte que no se te quitará de la cabeza, “Attention” y especialmente la inmediata de grandes armonías vocales “You Don´t Have To (If You Don´t Want To)”. Si crees que con cuatro canciones esenciales no tienes suficientes, puedes disfrutar la versión de uno de los grupos que huelen como la camiseta de Otto, los reggae The Equals y su “I Get So Excited”, y otros irrechazables escritos del caballero: “Wrong Time”, “If I Can See You (You´re Too Close To Me)” (A estos chicos les gustan tanto los paréntesis como a mí) y “Put Your Hands Together”.
Puede que treinta y cinco minutos no sean suficientes para encauzarme por el buen camino de la bondad y la generosidad, pero aseguro que cuando uno se cruce con alguien que vaya escuchando este mismo disco, una sonrisa cruzará de oreja a oreja, seas de este planeta o de cualquier otro.
Es posible que estar más de dos minutos saltando sin parar no tenga excusa, pero estar tan excitada tiene justificación.
domingo, 10 de octubre de 2010
The Swingin´ Neckbreakers - Live For Buzz (1993)
La proposición del día se basa únicamente en que por primera vez (algo increíble a tenor de lo que se suele exponer en estas líneas) una crónica musical será escrita bajo los efectos de las drogas. Sí, de las drogas, de esas que se suponen que curan catarros pero te dejan el cerebro hecho fosfatina para según qué actividades neuronales. No obstante, como buen seguidor de Trainspotting, el coloque me ha sido patrocinado por la Seguridad Social, un cambio sustancial en mi vida, como un cambio en nuestros amodorrados artículos sobre flojeras bandas musicales podríamos hacer volviendo otra vez al lado oscuro del rock and roll; al chillón, al varonil, al sucio y potente garaje del debut de los Swingin´ Neckbreakers: Live For Buzz, rebautizado desde el momento que uno es fan de los Simpsons como Live For Buzz Cola.
Tres hombres y un coche fúnebre como clara alusión del viaje al más allá que puede provocar mirar fijamente a los pantalones de Snook
Como muchos saben y muchos no, los Swingin´ Neckbreakers son una angelical banda de Trenton, Nueva Jersey, un lugar donde seguramente no pasen muchas cosas, pero donde por ejemplo te puedes tomar unas almejas en salsa verde por sólo trece dólares. Formados por los hermanos Tom y John Jorgensen, posibles jugadores seleccionables como interior derecho y pivote defensivo de la selección danesa de futbol, pero que finalmente tras ninguna llamada del seleccionador grabaron unas cuantas demos musicales en el garaje de su casa y empezaron a dar conciertos por la zona, inicialmente con John a la seis cuerdas y Tom berreando desde el bajo hasta la llegada de Shaggy Snook, que relegaría a John al multidisciplinar trabajo de baterista del grupo. Tras un primer single que les ponía en órbita se publicó su primer largo, este pescado con espinas llamado Live For Buzz.
Un disco cuya biblia dice que hay que honrar con versiones bien elegidas a los padres del garaje, es decir, prácticamente todos, puesto que a los SN se los podría englobar en una especie del revival del revival que comenzaron años antes algunos grupos ya de sobra conocidos como los Lyres o los Reyes de Rochester (Si es que realmente el garaje se fue de la vida cotidiana alguna vez). Así nos encontramos con más de la mitad del disco compuesto de gratificantes y saludables versiones de los Kinks (“I Took My Baby Home”), de los Troggs (“You´re Lying”); por supuesto de los Sonics, que ya disponían de un capítulo aparte en esto de las santas escrituras del garaje y de los que versionean el “Boss Hoss” de Gerry Roslie; de los sesenteros Jay-Jays se apropian de “Shake It Some More” y así hasta obedecer los nueve mandamientos en forma de nueve canciones.
El pobre Tom Jorgensen comprueba que Nuria Fergó se encuentra entre el exaltado público
El resto son sus logrados temas, “Little Pink Medicine”, “Thinkin´ Man´s Girl”, “Take You Live” o “I Live For Buzz”, llenos de energía destructiva, vitalistas, con tres verracos que no paran de maltratar la sensibilidad pop de cualquiera que ponga sus oídos frente a las guitarras de Snook, los puntuales órganos en las canciones, los temerarios golpes de baquetas de medio kilo del colega John Jorgensen y el bajo sin frenos del hermanísimo Thomas. Son chillones, cavernícolas, machacantes y seguro que hasta sudan, pero no dejan de encantarnos esas tonadas absolutamente absorbentes de Live For Buzz. Un placer completo sería hincarle el diente a su segundo disco (Shake Break!), y porque no, tras estar intermitentemente desaparecidos desde hace unos años a su última entrega Pop Of The Tops. De momento, a disfrutar del debut con los hermanos con más mandíbula que ha parido Nueva Jersey desde que Bon Jovi y los suyos decidieron entrar en los primeros puestos de los más bellos del Superpop de Octubre del noventa y uno.
No intenten encontrarlos en el siguiente vídeo, los que tocan no son ellos, pero el creador de la imagen ha tenido la bondad de poner piernas al aire.
The Swingin´ Neckbreakers - Live For Buzz (1993)
La proposición del día se basa únicamente en que por primera vez (algo increíble a tenor de lo que se suele exponer en estas líneas) una crónica musical será escrita bajo los efectos de las drogas. Sí, de las drogas, de esas que se suponen que curan catarros pero te dejan el cerebro hecho fosfatina para según qué actividades neuronales. No obstante, como buen seguidor de Trainspotting, el coloque me ha sido patrocinado por la Seguridad Social, un cambio sustancial en mi vida, como un cambio en nuestros amodorrados artículos sobre flojeras bandas musicales podríamos hacer volviendo otra vez al lado oscuro del rock and roll; al chillón, al varonil, al sucio y potente garaje del debut de los Swingin´ Neckbreakers: Live For Buzz, rebautizado desde el momento que uno es fan de los Simpsons como Live For Buzz Cola.
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Como muchos saben y muchos no, los Swingin´ Neckbreakers son una angelical banda de Trenton, Nueva Jersey, un lugar donde seguramente no pasen muchas cosas, pero donde por ejemplo te puedes tomar unas almejas en salsa verde por sólo trece dólares. Formados por los hermanos Tom y John Jorgensen, posibles jugadores seleccionables como interior derecho y pivote defensivo de la selección danesa de futbol, pero que finalmente tras ninguna llamada del seleccionador grabaron unas cuantas demos musicales en el garaje de su casa y empezaron a dar conciertos por la zona, inicialmente con John a la seis cuerdas y Tom berreando desde el bajo hasta la llegada de Shaggy Snook, que relegaría a John al multidisciplinar trabajo de baterista del grupo. Tras un primer single que les ponía en órbita se publicó su primer largo, este pescado con espinas llamado Live For Buzz.
Un disco cuya biblia dice que hay que honrar con versiones bien elegidas a los padres del garaje, es decir, prácticamente todos, puesto que a los SN se los podría englobar en una especie del revival del revival que comenzaron años antes algunos grupos ya de sobra conocidos como los Lyres o los Reyes de Rochester (Si es que realmente el garaje se fue de la vida cotidiana alguna vez). Así nos encontramos con más de la mitad del disco compuesto de gratificantes y saludables versiones de los Kinks (“I Took My Baby Home”), de los Troggs (“You´re Lying”); por supuesto de los Sonics, que ya disponían de un capítulo aparte en esto de las santas escrituras del garaje y de los que versionean el “Boss Hoss” de Gerry Roslie; de los sesenteros Jay-Jays se apropian de “Shake It Some More” y así hasta obedecer los nueve mandamientos en forma de nueve canciones.
El pobre Tom Jorgensen comprueba que Nuria Fergó se encuentra entre el exaltado público
El resto son sus logrados temas, “Little Pink Medicine”, “Thinkin´ Man´s Girl”, “Take You Live” o “I Live For Buzz”, llenos de energía destructiva, vivalistas, con tres verracos que no paran de maltratar la sensibilidad pop de cualquiera que ponga sus oídos frente a las guitarras de Snook, los puntuales órganos en las canciones, los temerarios golpes de baquetas de medio kilo del colega John Jorgensen y el bajo sin frenos del hermanísimo Thomas. Son chillones, cavernícolas, machacantes y seguro que hasta sudan, pero no dejan de encantarnos esas tonadas absolutamente absorbentes de Live For Buzz. Un placer completo sería hincarle el diente a su segundo disco (Shake Break!), y porque no, tras estar intermitentemente desaparecidos desde hace unos años a su última entrega Pop Of The Tops. De momento, a disfrutar del debut con los hermanos con más mandíbula que ha parido Nueva Jersey desde que Bon Jovi y los suyos decidieron entrar en los primeros puestos de los más bellos del Superpop de Octubre del noventa y uno.
No intenten encontrarlos en el siguiente vídeo, los que tocan no son ellos, pero el creador de la imagen ha tenido la bondad de poner piernas al aire.
viernes, 1 de octubre de 2010
Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).
Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí
Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.
Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)
El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.
Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.
El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.
Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.
Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa
El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.
El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.
Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.
Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima
Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.
Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.
Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topoen este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.
Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.
Imprescindible festival el que se proponía para este mes de Septiembre, casi surgido de la nada y con un cartel que despertaba sueños húmedos entre los integrantes de este bloc. Su propuesta era juntar a un buen puñado de grupos de la escena clásica del rock y el garaje, en un recinto donde los músicos no los ves como alejadas cagarrutas entre un mar de peluquines que se sitúan entre tu persona y los treinta metros de distancia al escenario; con la ventaja de que no sufres incómodos cacheos de la mochila por si el bocadillo de atún con pimiento decides arrojarlo con fuerza al guitarrista de cualquier grupo, confundido en la distancia con, por ejemplo, David Bustamante; donde los precios por un vaso de plástico de cerveza no son ligeramente inferiores al producto interior bruto de la isla de la Gomera; y que su localización sea en un pequeño pueblo de los valles pasiegos, en donde los vecinos más cercanos alucinaban desde sus ventanas intentando adivinar (luces apagadas del salón) qué hacían esa panda de hippies con patillas en un viejo mercado del que salía un ruido infernal. Sólo faltó la aparición de Sharon Stone en sus años mozos para que el sueño se hubiera consumado, por lo demás, el festival pasó con nota su primera entrega (por supuesto, opinión que sólo hemos contrastado con la propia y con la que estamos en mutuo acuerdo).
Instantánea tomada al grito de "frena, frena conductor conductor con". Nota: Es posible que los Fruitis no estuvieran en ese momento pasando por allí
Llegada el Viernes por la tarde, es entrar en Cantabria y en lo que más pensábamos ni siquiera era en que grupos iríamos a ver, no, son los efluvios de un viaje al Norte lo que nubla nuestra mente en el oscuro y verdadero motivo de este viaje: comer hasta llegar al concierto de los SOOL y que la gente se haga fotos con nosotros pensando que somos el amigo Ebbot Lundberg. Los primeros en pasar por nuestros oídos el grupo australiano The Meanies, con un cantante que no paró de tirarse al suelo berreando cual Iggy Pop, nos dejó la sensación de que al día siguiente viajaría a Valencia con un ligero dolor en el morroplastio izquierdo y hematomas de grado tres en cuello, zona lumbar, tronco en general y peritoneo en particular. Aunque francamente entregados al público, nuestra sensibilidad pop no se sintió del todo cómoda con los aussies.
Verdadera protagonista del segundo día de conciertos. Hay quién pensó que eran los Redd Kross y quien dijo que de ahí salían cien platos de almóndigas (nos disculpen nuestros amigos vegetarianos)
El siguiente ya era plato fuerte: Los Coronas. Una vez más, soberbios. Cada día tocan mejor y ya es decir, eficaces en las deficiencias de sonido terminaron por llevarse el primer gran aplauso de la jornada. Hubo poca charla de Fernando Pardo debido a las limitaciones de tiempo, una pena, porque este hombre suele ser bastante dicharachero y saleroso.
Le siguieron el grupo hermano Sex Museum, rockeros de grado cuatro, con Miguel Pardo deleitando al personal con unos pasos de baile bastante singulares. En mi opinión varios pasos por detrás de Los Coronas en cuanto a concepto de concierto, aunque nada se puede achacar a las buenas maneras a los instrumentos de estos clásicos malasañeros. Entre medias nos perdimos a los Muffs, nos pudo el sentir del estómago y sólo llegamos a ver la última canción de un concierto al parecer tan corto como el número de féminas presentes sobre las tablas durante el fin de semana.
El penúltimo concierto de la noche fueron los esperados Hoodoo Gurus, banda que perdió el pelo en la cabeza en pos de la fabricación de pelucas para los seguidores de Mago de Oz. Como buen grupo australiano estuvieron correctos a los instrumentos, con una gran selección de temas, donde sonaron todos sus clásicos, siempre de agradecer para los que como un servidor no ha catado sus entregas más recientes. Lástima que no llegaran a meter en calor a los miembros de garajeland, seguramente aletargados por cada salida al exterior del mercado, con típica meteorología cántabra a comprar unas monedas canjeables en bebida o en el tren de la bruja, nunca estuvo del todo claro para que servían.
Última parada del día, los Redd Kross, razón principal por la que peregrinaríamos a Sarón con un chándal de felpa y unas zapatillas Paredes de color mostaza recicladas de la incineradora de Valdemingómez. En nuestra opinión (nunca del todo fiable de dos devotos de la banda californiana) lo mejor del festival. Se comieron todo lo anterior desde las primeras canciones, estos punkarras camuflados en hacedores de canciones pop que se pegan como el chicle no dejaron lugar a dudas: los Redd Kross nunca fallan. Denunciable fue el tiempo del concierto, no sabemos si culpa del señor que estuvo todo el fin de semana controlando el cotarro desde una silla de jardín, pero faltaron una treintena de canciones más para que nos hubieran dejado mejor cuerpo.
Los Wildebeests, no bajo lo que podría parecer un crucifijo, no, es la clásica viga acolchada que todo buen arquitecto propone para una reforma parcial en casa
El sábado empezó con la pérdida (una vez más) de ver a Muck And The Mires, motivado por la ingente cantidad de comida que nos pegamos (prueben al menos una vez en su vida las fabes con hongos y de postre un digestivo de orujo) fue necesario el repose de la misma si queríamos mantenernos en pie más de diez minutos de concierto. A la llegada nos topamos con la agradable sorpresa de los Wildebeests, tocando “Comanche” en un claro y no reconocido homenaje al desaparecido Enano Buceador. Gran sonido el desplegado, y unas canciones garajeras y rockanroleras muy del gusto de los responsables de estas líneas. No esperábamos menos de un grupo que cuenta en sus filas con ex miembros de los Kaisers o los Milkshakes. En busca y captura de sus vinilos andamos ante tan gratas sensaciones.
El siguiente turno fue para el combo de Soul de JC Brooks, de los cuales aparcamos junto a ellos a la llegada al recinto y pudimos comprobar de cerca que el traje que llevaba se lo habían prestado del fondo de armario de Amar en Tiempos Revueltos. Impresionante y sobrado sobre el escenario, con un solo disco a sus espaldas se llevaron una de las ovaciones del respetable patilludo y patilluda allí congregado. Menudo tío.
Sacrificados por una merienda-cena quedaron los Right Ons, con tiempo marcado para no perdernos a los Young Fresh Fellows, unos tipos tan queridos por nosotros que hasta se les perdona que no estuvieran en uno de sus mejores días, perros viejos ellos se dieron cuenta y para la segunda mitad del concierto volvieron a hacernos sonreír como sólo ellos lo saben hacer. No faltaron los saltos de ese niño grande llamado Kurt Block, los redobles de Tad Hutchison mientras se cruza de piernas y todas esas pequeñas locuras que les hacen únicos.
Nótese que la gente de la banda izquierda se muestra animada, todo lo contrario que los de la banda en donde jugaba Chendo, que saben lo que se les viene encima
Con nuestros sentidos empezando a notar el aletargamiento entraron a escena los Vikingos de los Soundtrack Of Our Lives, un valor seguro en cualquier concierto, boxeadores curtidos en mil batallas suelen dejar noqueados al personal con ese muro instrumental infranqueable y la presencia del gigantón sueco Ebbot, que protagonizó el momento delicado de la noche arrojando sus cinco mil onzas de peso hacia el público, motivo por el cual a nuestro amigo Johnny Lebrel le han diagnosticado una médula espinal en forma de alambre de espino. No sé si estuvieron mejor o peor que en otras ocasiones, pero servidor se lo pasó pipa.
Para el final quedaron los medio grungeros Mudhoney, demasiado para nuestro ya curtido pabellón auditivo, no le dimos muchas opciones de que nos convencieran sus innumerables chillidos y la parquedad en palabras de Mark Arm, al que faltó un “Buenas Noches” para dejar por los suelos la educación de la casa Windsor.
Experiencia gratamente positiva, sólo falta para el año que viene un par de paseos por el escenario de Sharon Stone, cuyo pero es (que nos perdone en este apartado el colega Charlie Don´t Surf) que el sonido es francamente mejorable, pero todo se arregla con una moqueta de la buena en las paredes, una mano de pintura y unos ingenieros de sonido que no se empeñen en que acabemos como el bueno de Hans Topoen este vídeo. El año que viene ya estamos pensando en volver, aunque toque la clásica orquesta de canciones populares a la flauta dulce en clave de Sol, cargar el coche de quesos de Liérganes, unos sobaos de kilo que podrían sustituir en un momento dado a los azulejos de la cocina y esa agradable sonrisa que te deja un fin de semana a base de tan recomendables variedades gastronómico-culturales. Si un día de estos se encuentran por la calle a alguien con una pulsera verde recubierta de azulado moho y cierto aire a cara de anchoa, no duden en saludar, somos alguno de los miembros de garajeland.
Se os deja con un vídeo de los Wildebeests grabados en los estudios Circo Perrotti junto al mismísimo pirado de Jorge Explosion.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Y después de unos cuantos gazpachos de nuestra marca favorita, volvemos al trabajo tras un corto, muy corto verano lleno de vaguería por nuestra parte. Como cada año, no podíamos dejar pasar la ocasión de recordar a nuestro querido presentador veraniego, pelo en pecho galopante y uno noventa de altura. Últimamente poco pródigo por la televisión nacional, nos tenemos que conformar con catar el gazpacho de su propia huerta y oír perturbadoras historias sobre chicas levantinas que desprecian al resto de mortales ibéricos por no llegar al nivel de masculinidad y canción melódica de Bertín.
La dieta mediterránea en todo su esplendor. Se han colado los Beatles, pero creo que la foto se tomó ayer tras tomar unos champiñones en mal estado.
Sabemos que prometer a estas alturas una nueva temporada repleta de discos y reducir las alusiones a los Simpsons sería incluso denunciable por algún querido lector estafado, pero de momento ya pueden disfrutar con un Fondo de Armario del amigo Verléin, que no es poco.
El vídeo con el que les obsequiamos no tiene nada de particular, si acaso el puré de patatas que cayó a nuestro buche junto a unas salchichazas alemanas el pasado sábado; y que por si alguna vez se lo habían preguntado, nuestra salida del trabajo el día que nos dan las vacaciones es muy similar a la de las dos señoritas que bailan en lo alto de la tarima.
PD: Para empezar con fuerza nos vamos todo el fin de semana a Turborock, festival de dudoso buen gusto en el turbo nombre, pero con un cártel y un precio de birra que ha tocado la fibra profunda de los miembros de este nuestro@suyo bloc.
Y después de unos cuantos gazpachos de nuestra marca favorita, volvemos al trabajo tras un corto, muy corto verano lleno de vaguería por nuestra parte. Como cada año, no podíamos dejar pasar la ocasión de recordar a nuestro querido presentador veraniego, pelo en pecho galopante y uno noventa de altura. Últimamente poco pródigo por la televisión nacional, nos tenemos que conformar con catar el gazpacho de su propia huerta y oír perturbadoras historias sobre chicas levantinas que desprecian al resto de mortales ibéricos por no llegar al nivel de masculinidad y canción melódica de Bertín.
La dieta mediterránea en todo su esplendor. Se han colado los Beatles, pero creo que la foto se tomó ayer tras tomar unos champiñones en mal estado.
Sabemos que prometer a estas alturas una nueva temporada repleta de discos y reducir las alusiones a los Simpsons sería incluso denunciable por algún querido lector estafado, pero de momento ya pueden disfrutar con un Fondo de Armario del amigo Verléin, que no es poco.
El vídeo con el que les obsequiamos no tiene nada de particular, si acaso el puré de patatas que cayó a nuestro buche junto a unas salchichazas alemanas el pasado sábado; y que por si alguna vez se lo habían preguntado, nuestra salida del trabajo el día que nos dan las vacaciones es muy similar a la de las dos señoritas que bailan en lo alto de la tarima.
PD: Para empezar con fuerza nos vamos todo el fin de semana a Turborock, festival de dudoso buen gusto en el turbo nombre, pero con un cártel y un precio de birra que ha tocado la fibra profunda de los miembros de este nuestro@suyo bloc.
Y después de unos cuantos gazpachos de nuestra marca favorita volvemos al trabajo tras un corto, muy corto verano lleno de vaguería por nuestra parte. Como cada año, no podíamos dejar pasar la ocasión de recordar a nuestro querido presentador veraniego, pelo en pecho galopante y uno noventa de altura. Últimamente poco pródigo por la televisión nacional, nos tenemos que conformar con catar el gazpacho de su propia huerta y oír perturbadoras historias sobre chicas levantinas que desprecian al resto de mortales ibéricos por no llegar al nivel de masculinidad y canción melódica de Bertín.
La dieta mediterránea en todo su esplendor. Se han colado los Beatles, pero creo que la foto se tomó ayer tras tomar unos champiñones en mal estado
Sabemos que prometer a estas alturas una nueva temporada repleta de discos y reducir las alusiones a los Simpsons sería incluso denunciable por algún querido lector estafado, pero de momento ya pueden disfrutar con un Fondo de Armario del amigo Verléin, que no es poco.
El vídeo con el que les obsequiamos no tiene nada de particular, si acaso el puré de patatas que cayó a nuestro buche junto a unas salchichazas alemanas el pasado sábado; y que por si alguna vez se lo habían preguntado, nuestra salida del trabajo el día que nos dan las vacaciones es muy similar a la de las dos señoritas que bailan en lo alto de la tarima.
PD: Para empezar con fuerza nos vamos todo el fin de semana a Turborock, festival de dudoso buen gusto en el turbo nombre, pero con un cartel y un precio de birra que ha tocado la fibra profunda de los miembros de este nuestro@suyo bloc.
miércoles, 28 de julio de 2010
Wilco - Being There (1996)
Hace algunos años salía muchos días por la estación de Callao en dirección a mirar discos y otras varietés. A decir verdad, los vagos como yo que buscamos cualquier escusa para tener tiempo libre y no tener que trabajar pasamos cerca de muchas estaciones de metro. Lo cierto es que en esa misma salida siempre había un buen señor que vendía cordones para gafas. “A veinte duros los cordones para gafas”. Lo sé porque siempre repetía lo mismo, era un eslogan que permitía pocas variaciones, y tanto que no se alteraba ni una coma en su intento de convencer a la gente de incorporar como complemento tan útil artilugio alargado. Siempre pasaba a su lado y pensaba comprarle alguna vez algún cordón para gafas, por aquello del desgaste y guardarlos de recuerdo o algo así. Lo cierto es que casi siempre volvía con un CD (en aquella época uno y no más) o tan pelado que no me podía permitir el capricho gafiruril. Supongo que es por aquella época cuando el señor Verleín (a veces instructivo y con gusto) me empezó a convencer para trincar algún disco de Wilco.
Tweedy con un topógrafo se queda dormido mientras mira un mapa. Te entiendo querido “migrañas”
Decir cosas de Wilco que la gente no sepa es complicado y largo (ya he dicho que era muy vago). Surgieron de cuando Uncle Tupelo se fue al garete y Tweedy se llevó consigo a todo cuanto quedó de aquello, y añadiendo a un pequeño genio de largas pelambreras llamado Jay Bennett. Tras un primer disco todavía con la influencia del sonido añejo de los Tupelo grabaron A.M., pero como diría Sick Boy en edulcoradas palabras: es bueno pero en tu foro interno sabes que no es el mejor. El segundo disco ya son palabras mayores, ni más ni menos que el Being There, un disco doble, con trazas experimentales, con sonidos añejos, popero, y tan difícil de encuadrar en cualquier estilo o influencias que lo único que se puede decir de él es que sólo suena a Wilco. Lo cual no implica que sean tan complicados de escuchar que sólo lo haga Wilco y la familia de Wilco. Ni mucho menos.
Si tuviera que elegir canciones sobresalientes, todo sale muy extenso y tal, aunque para variar me quedaría con las más cortas y directas al higadillo: “Outtasite (Outta Mind)”, “I Got You”, o “What´s The World In Store” en el apartado de las más calientes. “Say You Miss Me”, “Red-Eyed And Blue” y “Someone Else´s Song” en las tiernas. Las camperas “Forget The Flowers” y “Someday Soon”. Y hasta les perdono que se pongan con ruiditos en “Misunderstood” y “Sunken Treasure”. Pero aquí es donde paro, no quería escribir los títulos de las canciones y si me descuido escribo las de este disco y acabo con el recopilatorio de El Consorcio entero.
¿Cordones para gafas o country-indie-modernillo? Ellos se ríen porque saben que en algún momento todos seremos presbicios y ya tienen su cordón...
Han pasado años y el Being There me sigue gustando tanto que hasta negaría con la cabeza de vez en cuando que el disco que más me gusta de los de Chicago es Summerteeth, más powerpopero que el resto. Al hombre de los cordones para gafas he dejado de verlo con tanta asiduidad, aunque una vez conseguí verle con un cliente probándose unas gafas con sus cordones. Finalmente yo nunca le he comprado los cordones (dicho sea de paso no llevo gafas, lo cual habría sido una compra algo ineficiente). Luego llegó la moneda única y el precio se redondeó de los veinte duros a un euro. Un día que estaba lloviendo cambió los cordones para gafas por paraguas a tres euros (hay que reconocer el mérito empresarial de este hombre). Quizás algún día le grabe el disco de Wilco por si le vuelvo a ver, igual termina gustándole, quizás no. En caso de ser así, espero que no llueva y no esté vendiendo los paraguas, mucho me temo que cuando me arroje un objeto, el cordón va a doler bastante menos.
Para los que digan que Jeff Tweedy lo más atrevido que ha hecho en su vida es comer chili de manicomio guatemalteco, ahí le tienen, tocando en la nieve aun a riesgo de meterse el mismo piñazo que se da (creo) Max Johnston.