domingo, 19 de octubre de 2008

The Fabulous Wailers - The Fabulous Wailers At The Castle (1962)

Vamos a empezar esta historia con un ejercicio de imaginación, cojan la Cervical Relax y acomoden el respaldo del trabajo, echen la cabeza atrás, y si pueden cierren los ojos sin dormir la siesta. Bien, ahora intentamos imaginar una postal de California, recurrimos a los fidedignos Vigilantes de la Playa y no podemos sino imaginar soleadas playas, donde chicos rubios y chicas rubias de amplios senos se pasean patinando junto al mar. Un ambiente propicio para formar grupos de música y charangas variadas, desde luego. Ahora desplazamos nuestra mente unos cuantos kilómetros al Norte, al estado de Washington y en concreto a la ciudad de Tacoma. ¿Alguna imagen en su mente? Seguramente nada. Como mucho podemos imaginar que llueve mucho, que hace frio, y que preparar una barbacoa en el 742 de Evergreen Terrace no es una utopía. Para ser justos, y poniendo una mano en el pecho como en el coñazo del desfile, aseguramos que a principios de los sesenta esta pequeña ciudad tenía una de las escenas musicales más salvajes, febriles, enérgicas y demoledoras del momento.

Algunos (seguramente muy pocos) no le habrán incado el diente a lo que ya contamos sobre el primer disco de los Sonics en este bloc. Un disco especialmente salvaje y chillón, e imprescindible en toda estantería con gusto por enciclopedias que no se consultan y recuerdos turísticos de Segovia. Desde luego, los Sonics no salieron de la nada, ya sea su sonido o su contrato discográfico. Para resolver la búsqueda de sus primeros pasos hay que recaer en otro grupo de Tacoma; formado por cinco peluquines con cierto apego a sus instrumentos y por la influencia del mejor Rock & Roll llegado de los cincuenta. A saber: Little Richard, Chuck Berry, Bo Didley, Fats Domino y la plana mayor del club del Misisipi.Estos vividores se hacen llamar The Fabulous Wailers, y en el cambio de década de los cincuenta a los sesenta no hay grupo por la zona del Noroeste que no vaya a ver sus actuaciones o intenten tocar en los conciertos como hacen ellos. Su popularidad por la zona es notable, sus canciones instrumentales hacen vibrar hasta Ortega Cano en Mira Quién Baila, alguno de sus singles ya han llegado a oídos nacionales, pero el futuro es incierto por (sorpresa) falta de contrato discográfico. Como se suele hacer en momentos de crisis, nada mejor que buscar soluciones con una buena cumbre repleta de canapés. La propuesta ideal es clara y concisa: crear un sello discográfico propio y seguir la premisa que tuvimos muchos hasta que crecimos un poco, “háztelo tu mismo”. La idea es tan buena que nadie la apoya, y es gracias a Buck Ormsby (bajista del grupo) y a un amigo cantante de éste llamado Rockin’ Robin Roberts que nace el nuevo sello discográfico con el que se publicarían los discos de los Wailers y a la postre muchos grupos de la zona noroeste, “Etiquette Records”.

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