sábado, 21 de marzo de 2009

Terror. Hay que prestar un disco.


Ese arte de tragicomedia que es dejar un disco suele consistir en situarse delante de la estantería de los discos, echar un vistazo a los bordes de colores (color azul Verbatim si el lector es un poco barba negra), alargar la mano para elegir uno/varios de ellos/ellas, elegir una bolsa de tamaño adecuado al objeto que se debe de introducir en ella y por último salir de casa con la sana intención de dejárselo a un mortal. Básicamente eso es todo. Lo juro. Pero en el fondo de nuestra cabeza hay un galimatías de razones que hay que organizar para que todo esto se cumpla con el efecto previsto, al fin y al cabo uno puede ser tremendamente maniático con estas cosas. Analizamos de modo intrínseco alguna de ellas:


Digan lo que quieran, pero me costaría mucho dejarles un disco. Pincha en la imagen si no quieres quedarte ciego


Masturbaciones mentales previas: La primera comienza por preguntarse que seleccionar, para ser sinceros es un poco como el sexo, en un principio uno es generoso, pero en el fondo, una parte es egoísta y lo que quisiera es que el disco que va a dejar guste tanto como a uno mismo. Pero ojo, sin llegar a pasarse, porque si el desenlace final es que se convierte en algo mucho más especial para el receptor tienes que volver a casa y volver a escucharlo por si alguna composición petroquímica se ha escapado por el camino de tu audición.

La segunda es puramente trastornada y desconfiada: ¿debo dejar un disco que no pueda recuperar? Cuesta casi tanto trabajo como ver entero un programa presentado por Juan y Medio, pero personalmente me cuesta dejar discos en vinilo y ediciones que no pueda bajar a una tienda y volver a comprarlo a un precio razonable de recuperación.

La realización de un análisis psico-fisiólogico puede aclarar dudas. Pese a lo chiflado que pueda parecer, observar el comportamiento de una persona ante sus objetos personales no hace sino aumentar mi pesimismo para los préstamos vinílicos. Una vez me sentí incapaz de prestar un disco a un chaval de clase poniendo todo tipo de vagas excusas para no hacerlo, pero es que vi el aspecto cochambroso y maltratado de su mochila y una calculadora sin el signo de dividir en el que las pilas se sujetaban con un trozo de un celo que vivió épocas mejores y opté por gastar dinero en grabarlo con urgencia.



Rob piensa que despúes de una gran recolocación escribiría el Top 5 de discos perdidos mediante préstamo

Nudo: Los primeros días bajo la ausencia discográfica son llevaderos, pero para este caso el tiempo no cura heridas, sino todo lo contrario. Cuanto más prolongada es la ausencia de un ser querido empiezas a preguntarte si no está recluido entre los debut discográficos de Maria José Galera y Jesulín, o peor todavía, violado y sodomizado por toda la discografía de El Canto del Loco. Pese a los intentos de tranquilizarse y de preguntas tristemente encubiertas para saber si todo va bien, la agonía del tiempo no hace sino estar cada vez más inquieto.

Desenlace y razones para pisar un pie a alguien: Primer matiz, es posible que no exista desenlace, que el disco no lo vuelvas a ver y que no servirá de nada acudir a Lourdes y rezar por ello, más tarde o más temprano tendrás que cubrir el hueco dejado en la estantería.


El sueño y a la vez pesadilla de muchos es enfrentarse a semejante estante


Casi es tan humillante como lo anterior a que el disco haya pasado una temporada en la guerra de Vietnam con su temporal dueño. El espacio tiempo no engaña, y la mayoría de las veces no es posible que suceda esto. Por lo tanto, no tiene justificación que el libreto se haya utilizado para envolver un bocadillo de sardinas o como prueba policial para examinar huellas dactilares. Una vez me devolvieron un disco de los Smiths pegado con celo, pensé que al menos había un camboyano con corazón e intentó operarlo con más ilusión que éxito.

Sé que me dejo unos cuantos desenlaces, alguno tan puñetero como una devolución justo cuando acabas de comprarlo pensando que ya no lo ibas a recuperar, pero es que me acaban de pedir un disco y vuelvo a estar frente a la estantería repitiendo todos y cada uno de los pasos anteriores.
Terror. Hay que prestar un disco.


Ese arte de tragicomedia que es dejar un disco suele consistir en situarse delante de la estantería de los discos, echar un vistazo a los bordes de colores (color azul Verbatim si el lector es un poco barba negra), alargar la mano para elegir uno/varios de ellos/ellas, elegir una bolsa de tamaño adecuado al objeto que se debe de introducir en ella y por último salir de casa con la sana intención de dejárselo a un mortal. Básicamente eso es todo. Lo juro. Pero en el fondo de nuestra cabeza hay un galimatías de razones que hay que organizar para que todo esto se cumpla con el efecto previsto, al fin y al cabo uno puede ser tremendamente maniático con estas cosas. Analizamos de modo intrínseco alguna de ellas:


Digan lo que quieran, pero me costaría mucho dejarles un disco. Pincha en la imagen si no quieres quedarte ciego


Masturbaciones mentales previas: La primera comienza por preguntarse que seleccionar, para ser sinceros es un poco como el sexo, en un principio uno es generoso, pero en el fondo, una parte es egoísta y lo que quisiera es que el disco que va a dejar guste tanto como a uno mismo. Pero ojo, sin llegar a pasarse, porque si el desenlace final es que se convierte en algo mucho más especial para el receptor tienes que volver a casa y volver a escucharlo por si alguna composición petroquímica se ha escapado por el camino de tu audición.

La segunda es puramente trastornada y desconfiada: ¿debo dejar un disco que no pueda recuperar? Cuesta casi tanto trabajo como ver entero un programa presentado por Juan y Medio, pero personalmente me cuesta dejar discos en vinilo y ediciones que no pueda bajar a una tienda y volver a comprarlo a un precio razonable de recuperación.

La realización de un análisis psico-fisiólogico puede aclarar dudas. Pese a lo chiflado que pueda parecer, observar el comportamiento de una persona ante sus objetos personales no hace sino aumentar mi pesimismo para los préstamos vinílicos. Una vez me sentí incapaz de prestar un disco a un chaval de clase poniendo todo tipo de vagas excusas para no hacerlo, pero es que vi el aspecto cochambroso y maltratado de su mochila y una calculadora sin el signo de dividir en el que las pilas se sujetaban con un trozo de un celo que vivió épocas mejores y opté por gastar dinero en grabarlo con urgencia.



Rob piensa que despúes de una gran recolocación escribiría el Top 5 de discos perdidos mediante préstamo

Nudo: Los primeros días bajo la ausencia discográfica son llevaderos, pero para este caso el tiempo no cura heridas, sino todo lo contrario. Cuanto más prolongada es la ausencia de un ser querido empiezas a preguntarte si no está recluido entre los debut discográficos de Maria José Galera y Jesulín, o peor todavía, violado y sodomizado por toda la discografía de El Canto del Loco. Pese a los intentos de tranquilizarse y de preguntas tristemente encubiertas para saber si todo va bien, la agonía del tiempo no hace sino estar cada vez más inquieto.

Desenlace y razones para pisar un pie a alguien: Primer matiz, es posible que no exista desenlace, que el disco no lo vuelvas a ver y que no servirá de nada acudir a Lourdes y rezar por ello, más tarde o más temprano tendrás que cubrir el hueco dejado en la estantería.


El sueño y a la vez pesadilla de muchos es enfrentarse a semejante estante


Casi es tan humillante como lo anterior a que el disco haya pasado una temporada en la guerra de Vietnam con su temporal dueño. El espacio tiempo no engaña, y la mayoría de las veces no es posible que suceda esto. Por lo tanto, no tiene justificación que el libreto se haya utilizado para envolver un bocadillo de sardinas o como prueba policial para examinar huellas dactilares. Una vez me devolvieron un disco de los Smiths pegado con celo, pensé que al menos había un camboyano con corazón e intentó operarlo con más ilusión que éxito.

Sé que me dejo unos cuantos desenlaces, alguno tan puñetero como una devolución justo cuando acabas de comprarlo pensando que ya no lo ibas a recuperar, pero es que me acaban de pedir un disco y vuelvo a estar frente a la estantería repitiendo todos y cada uno de los pasos anteriores.

viernes, 13 de marzo de 2009


Young-Holt Unlimited - Plays Superfly (1973)



El otro día pensando sobre aquel ministro japonés con una tajada de sake similar al guión de una película de Mariano Ozores reflexioné sobre algo que no tenía ningún parecido con lo anterior: Hacía bastante tiempo que no se hablaba por estos lares de ningún disco negroide funk, y pese a que últimamente no hayan sido días de buenas acciones sociales (intenté robar una piruleta a un niño o agredí a un perro que estaba tranquilamente leyendo El Mundo) quería demostrar que aún me quedaba algo de Alma. El remiendo se llama Young-Holt Unlimited y un disco realmente cuidadoso en el que repasan de forma instrumental y a su manera el Superfly del admirado Curtis Mayfield.


Cartel promocional de Emidio Tucci rechazado para el "Ya es Primavera Jazz en El Corte Inglés"

Bajo una infame portada estilo cajón de ofertas de mercadillo musical; en la que los capos de esta formación, Eldee Young e Isaac “Redd” Holt, posan simulando que sus micrófonos son armas adquiridas a secuaces de Al Capone; se esconde una formación que estuvo durante veinte años en el circuito de Jazz-Soul que dio Chicago a principios de los sesenta. Ciudad que acogió a Curtis Mayfield en sus ventosas calles y partícipe del género cinematográfico más chusco de los setenta, el Blaxpotation, que enseñó a la muchedumbre a como había que vivir del lujo que suponen los abrigos de pelo, las cadenas de oro con el símbolo del dólar y por supuesto drogas y armas a doquier como modo de subsistencia en tiempo de crisis (vaya, tiene cierto parecido a las inmobiliarias hispanas), pero con alguna banda sonora realmente presentable.


La facultad de enfermería en los años sesenta, se nota quien iba a estudiar y quien esconde botellas de Dyc bajo el micrófono cabelludo

Yendo al lío: La sabiduría adquirida por Young (bajista) y Holt (batería) durante sus largos años de aprendices de Jazz en los cincuenta les hace rodearse bastante bien para este “toqueteando Superfly” que sería su disco de despedida. Especialmente notoria es la aportación de Ken Chaney en el piano eléctrico que le da sonido Funky al álbum. En la primera cara del disco se encuentran las cuatro versiones del Superfly: “Freddie´s Dead”, “Give Me Your Love”, “Pusherman” y “Superfly”, todas ellas un interesante punto de vista de las originales, pero huérfanas de la guitarra de Curtis se antoja difícil que superen al gran maestro. En el disco también cabe destacar una composición llamada “Hey Pancho” (sí, el título suena a llamada perruna) y una alucinógena canción de Chaney llamada “Mystical Man”. Un disco elegante, íntegro, con unos ejecutores de primera pero sobre todo una escucha muy curiosa para fans del Superfly, aunque no tan redondo como esa gran obra maestra que conseguía que una película mala fuese aun peor cuando se la comparaba con su banda sonora.


Se agradece al señor Efraín “Purple Rain” que nos pasara amablemente el vinilo a calidad emepetrística, para ello solo tuvo que renunciar a visitar una Jam Session basada en otra Jam Session Funk. Aun así agradecemos su trabajo tan poco remunerado por nuestra parte.


contraseña: peluquin


Young-Holt Unlimited - Plays Superfly (1973)



El otro día pensando sobre aquel ministro japonés con una tajada de sake similar al guión de una película de Mariano Ozores reflexioné sobre algo que no tenía ningún parecido con lo anterior: Hacía bastante tiempo que no se hablaba por estos lares de ningún disco negroide funk, y pese a que últimamente no hayan sido días de buenas acciones sociales (intenté robar una piruleta a un niño o agredí a un perro que estaba tranquilamente leyendo El Mundo) quería demostrar que aún me quedaba algo de Alma. El remiendo se llama Young-Holt Unlimited y un disco realmente cuidadoso en el que repasan de forma instrumental y a su manera el Superfly del admirado Curtis Mayfield.


Cartel promocional de Emidio Tucci rechazado para el "Ya es Primavera Jazz en El Corte Inglés"

Bajo una infame portada estilo cajón de ofertas de mercadillo musical; en la que los capos de esta formación, Eldee Young e Isaac “Redd” Holt, posan simulando que sus micrófonos son armas adquiridas a secuaces de Al Capone; se esconde una formación que estuvo durante veinte años en el circuito de Jazz-Soul que dio Chicago a principios de los sesenta. Ciudad que acogió a Curtis Mayfield en sus ventosas calles y partícipe del género cinematográfico más chusco de los setenta, el Blaxpotation, que enseñó a la muchedumbre a como había que vivir del lujo que suponen los abrigos de pelo, las cadenas de oro con el símbolo del dólar y por supuesto drogas y armas a doquier como modo de subsistencia en tiempo de crisis (vaya, tiene cierto parecido a las inmobiliarias hispanas), pero con alguna banda sonora realmente presentable.


La facultad de enfermería en los años sesenta, se nota quien iba a estudiar y quien esconde botellas de Dyc bajo el micrófono cabelludo

Yendo al lío: La sabiduría adquirida por Young (bajista) y Holt (batería) durante sus largos años de aprendices de Jazz en los cincuenta les hace rodearse bastante bien para este “toqueteando Superfly” que sería su disco de despedida. Especialmente notoria es la aportación de Ken Chaney en el piano eléctrico que le da sonido Funky al álbum. En la primera cara del disco se encuentran las cuatro versiones del Superfly: “Freddie´s Dead”, “Give Me Your Love”, “Pusherman” y “Superfly”, todas ellas un interesante punto de vista de las originales, pero huérfanas de la guitarra de Curtis se antoja difícil que superen al gran maestro. En el disco también cabe destacar una composición llamada “Hey Pancho” (sí, el título suena a llamada perruna) y una alucinógena canción de Chaney llamada “Mystical Man”. Un disco elegante, íntegro, con unos ejecutores de primera pero sobre todo una escucha muy curiosa para fans del Superfly, aunque no tan redondo como esa gran obra maestra que conseguía que una película mala fuese aun peor cuando se la comparaba con su banda sonora.


Se agradece al señor Efraín “Purple Rain” que nos pasara amablemente el vinilo a calidad emepetrística, para ello solo tuvo que renunciar a visitar una Jam Session basada en otra Jam Session Funk. Aun así agradecemos su trabajo tan poco remunerado por nuestra parte.


contraseña: peluquin

martes, 10 de marzo de 2009


Sala Sol (Madrid) - Aproximadamente el 13-2-2009


Auspiciado por las buenas directrices provenientes del enano buceador y su cuadrilla de celebérrimos comentaristas, un servidor se sintió en el deber de acudir a una de las citas más originales que se pueden contemplar en algunas fanegas a la redonda. Se trata de Los Coronas, un grupo de mediada la península cuyo placer musical es mezclar el Surf con la música fronteriza mejicano-americana con un toque de Spaguetti Western. Y aunque creas que esto es un plato de Ferran Adriá, no lo es, es la mezcla musical de cinco Malasañeros que llevan dieciocho años al frente de un grupo que presentaba lo que es su último disco, El Baile Final de Los Locos y Los Cuerdos.


La mirada de David a Fernando es presagio del momento intimo que vivirán un poco más tarde


Aunque el propio grupo se cachondee de su asignada etiqueta musical de Surf-Rock, nos sirve de partida para definir un poco mejor lo que hace esta banda de malabaristas del espectáculo. Principalmente hacen lo que muchos grupos: salen al escenario, tienen instrumentos musicales y se ponen a tocar. La novedad para lo que suele ser un concierto radica en que sus canciones son puramente instrumentales, y que nada más comenzar el concierto realizan una versión del Radioactivity de Kraftwerk. A partir de ahí se suceden canciones de puro ritmo a lo Dick Dale (si, el de Pulp Fiction) que va dejando al personal quemando zapatillas pese a que uno no está en el Sur de California y que la playa más cercana sea la que está en la carretera hacia el Monte del Pardo.

Apoteósico final en el que intentaban reparar las bombillas con sus instrumentos

Por el grupo pasan Fernando Pardo que ejerce de hablador y guitarrista, dando pausas al concierto con gracia y humor, haciendo mucho más ameno el descanso de instrumentales con trompeta. Javi Vacas es el que aguarda por el fondo del escenario con una sección de bajo increíble. Robbie Lozano es el batería más alejado del fondo del escenario desde tiempos de antaño, al que el grupo se tuvo que adaptar para que este amante de los ritmos complicados disfrutase un poco. David Krahe se va batiendo en duelos guitarreros con Fernando Pardo hasta que tienen que intercambiar manos con mástiles, los pies con las caderas, los riñones con el omoplato y uno detrás de otro (si no lo entienden vean fotografía adjunta) tocando compenetrados sus instrumentos, musicales se entiende. Por último, la novedad tiene de nombre Evgeni Riecmkalov, que es ucraniano, toca la trompeta, en un grupo español, que hace música Surf (a orillas del Manzanares), de aires mixto mejicano, a la limón de un sonido de la cabra cañí y que realiza cambios de tercio toreros como si hubiera aprendido durante toda su vida a la sombra de un tendido en Las Ventas, todo un compendio de influencias.

Aunque pretendan que la gente les grite machotes, la cara de Fernando Pardo denota gusto y placer culero

Lo cierto es que las dudas de un concierto instrumental son disipadas en poco tiempo, Los Coronas es un grupo altamente recomendable para ver en directo y si un mafioso como Steve Van Zandt es un confeso fan y editor de sus discos en Estados Unidos, puede que alguna química especial tengan. Porque al igual que la mafia, resultan ser tremendamente adictivos.

Evgeny, un tío con klase y de la zona más flamenca de Ucrania




Sala Sol (Madrid) - Aproximadamente el 13-2-2009


Auspiciado por las buenas directrices provenientes del enano buceador y su cuadrilla de celebérrimos comentaristas, un servidor se sintió en el deber de acudir a una de las citas más originales que se pueden contemplar en algunas fanegas a la redonda. Se trata de Los Coronas, un grupo de mediada la península cuyo placer musical es mezclar el Surf con la música fronteriza mejicano-americana con un toque de Spaguetti Western. Y aunque creas que esto es un plato de Ferran Adriá, no lo es, es la mezcla musical de cinco Malasañeros que llevan dieciocho años al frente de un grupo que presentaba lo que es su último disco, El Baile Final de Los Locos y Los Cuerdos.


La mirada de David a Fernando es presagio del momento intimo que vivirán un poco más tarde

Aunque el propio grupo se cachondee de su asignada etiqueta musical de Surf-Rock, nos sirve de partida para definir un poco mejor lo que hace esta banda de malabaristas del espectáculo. Principalmente hacen lo que muchos grupos: salen al escenario, tienen instrumentos musicales y se ponen a tocar. La novedad para lo que suele ser un concierto radica en que sus canciones son puramente instrumentales, y que nada más comenzar el concierto realizan una versión del Radioactivity de Kraftwerk. A partir de ahí se suceden canciones de puro ritmo a lo Dick Dale (si, el de Pulp Fiction) que va dejando al personal quemando zapatillas pese a que uno no está en el Sur de California y que la playa más cercana sea la que está en la carretera hacia el Monte del Pardo.

Apoteósico final en el que intentaban reparar las bombillas con sus instrumentos

Por el grupo pasan Fernando Pardo que ejerce de hablador y guitarrista, dando pausas al concierto con gracia y humor, haciendo mucho más ameno el descanso de instrumentales con trompeta. Javi Vacas es el que aguarda por el fondo del escenario con una sección de bajo increíble. Robbie Lozano es el batería más alejado del fondo del escenario desde tiempos de antaño, al que el grupo se tuvo que adaptar para que este amante de los ritmos complicados disfrutase un poco. David Krahe se va batiendo en duelos guitarreros con Fernando Pardo hasta que tienen que intercambiar manos con mástiles, los pies con las caderas, los riñones con el omoplato y uno detrás de otro (si no lo entienden vean fotografía adjunta) tocando compenetrados sus instrumentos, musicales se entiende. Por último, la novedad tiene de nombre Evgeni Riecmkalov, que es ucraniano, toca la trompeta, en un grupo español, que hace música Surf (a orillas del Manzanares), de aires mixto mejicano, a la limón de un sonido de la cabra cañí y que realiza cambios de tercio toreros como si hubiera aprendido durante toda su vida a la sombra de un tendido en Las Ventas, todo un compendio de influencias.

Aunque pretendan que la gente les grite machotes, la cara de Fernando Pardo denota gusto y placer culero

Lo cierto es que las dudas de un concierto instrumental son disipadas en poco tiempo, Los Coronas es un grupo altamente recomendable para ver en directo y si un mafioso como Steve Van Zandt es un confeso fan y editor de sus discos en Estados Unidos, puede que alguna química especial tengan. Porque al igual que la mafia, resultan ser tremendamente adictivos.

Evgeny, un tío con klase y de la zona más flamenca de Ucrania




Sala Sol (Madrid) - Aproximadamente el 13-2-2009


Auspiciado por las buenas directrices provenientes del enano buceador y su cuadrilla de celebérrimos comentaristas, un servidor se sintió en el deber de acudir a una de las citas más originales que se pueden contemplar en algunas fanegas a la redonda. Se trata de Los Coronas, un grupo de mediada la península cuyo placer musical es mezclar el Surf con la música fronteriza mejicano-americana con un toque de Spaguetti Western. Y aunque creas que esto es un plato de Ferran Adriá, no lo es, es la mezcla musical de cinco Malasañeros que llevan dieciocho años al frente de un grupo que presentaba lo que es su último disco, El Baile Final de Los Locos y Los Cuerdos.


La mirada de David a Fernando es presagio del momento intimo que vivirán un poco más tarde

Aunque el propio grupo se cachondee de su asignada etiqueta musical de Surf-Rock, nos sirve de partida para definir un poco mejor lo que hace esta banda de malabaristas del espectáculo. Principalmente hacen lo que muchos grupos: salen al escenario, tienen instrumentos musicales y se ponen a tocar. La novedad para lo que suele ser un concierto radica en que sus canciones son puramente instrumentales, y que nada más comenzar el concierto realizan una versión del Radioactivity de Kraftwerk. A partir de ahí se suceden canciones de puro ritmo a lo Dick Dale (si, el de Pulp Fiction) que va dejando al personal quemando zapatillas pese a que uno no está en el Sur de California y que la playa más cercana sea la que está en la carretera hacia el Monte del Pardo.

Apoteósico final en el que intentaban reparar las bombillas con sus instrumentos

Por el grupo pasan Fernando Pardo que ejerce de hablador y guitarrista, dando pausas al concierto con gracia y humor, haciendo mucho más ameno el descanso de instrumentales con trompeta. Javi Vacas es el que aguarda por el fondo del escenario con una sección de bajo increíble. Robbie Lozano es el batería más alejado del fondo del escenario desde tiempos de antaño, al que el grupo se tuvo que adaptar para que este amante de los ritmos complicados disfrutase un poco. David Krahe se va batiendo en duelos guitarreros con Fernando Pardo hasta que tienen que intercambiar manos con mástiles, los pies con las caderas, los riñones con el omoplato y uno detrás de otro (si no lo entienden vean fotografía adjunta) tocando compenetrados sus instrumentos, musicales se entiende. Por último, la novedad tiene de nombre Evgeni Riecmkalov, que es ucraniano, toca la trompeta, en un grupo español, que hace música Surf (a orillas del Manzanares), de aires mixto mejicano, a la limón de un sonido de la cabra cañí y que realiza cambios de tercio toreros como si hubiera aprendido durante toda su vida a la sombra de un tendido en Las Ventas, todo un compendio de influencias.

Aunque pretendan que la gente les grite machotes, la cara de Fernando Pardo denota gusto y placer culero

Lo cierto es que las dudas de un concierto instrumental son disipadas en poco tiempo, Los Coronas es un grupo altamente recomendable para ver en directo y si un mafioso como Steve Van Zandt es un confeso fan y editor de sus discos en Estados Unidos, puede que alguna química especial tengan. Porque al igual que la mafia, resultan ser tremendamente adictivos.

Evgeny, un tío con klase y de la zona más flamenca de Ucrania



Contacto con Tacto: Los Coronas


Sala Sol (Madrid) - Aproximadamente el 13-2-2009


Auspiciado por las buenas directrices provenientes del enano buceador y su cuadrilla de celebérrimos comentaristas, un servidor se sintió en el deber de acudir a una de las citas más originales que se pueden contemplar en algunas fanegas a la redonda. Se trata de Los Coronas, un grupo de mediada la península cuyo placer musical es mezclar el Surf con la música fronteriza mejicano-americana con un toque de Spaguetti Western. Y aunque creas que esto es un plato de Ferran Adriá, no lo es, es la mezcla musical de cinco Malasañeros que llevan dieciocho años al frente de un grupo que presentaba lo que es su último disco, El Baile Final de Los Locos y Los Cuerdos.


La mirada de David a Fernando es presagio del momento intimo que vivirán un poco más tarde

Aunque el propio grupo se cachondee de su asignada etiqueta musical de Surf-Rock, nos sirve de partida para definir un poco mejor lo que hace esta banda de malabaristas del espectáculo. Principalmente hacen lo que muchos grupos: salen al escenario, tienen instrumentos musicales y se ponen a tocar. La novedad para lo que suele ser un concierto radica en que sus canciones son puramente instrumentales, y que nada más comenzar el concierto realizan una versión del Radioactivity de Kraftwerk. A partir de ahí se suceden canciones de puro ritmo a lo Dick Dale (si, el de Pulp Fiction) que va dejando al personal quemando zapatillas pese a que uno no está en el Sur de California y que la playa más cercana sea la que está en la carretera hacia el Monte del Pardo.

Apoteósico final en el que intentaban reparar las bombillas con sus instrumentos

Por el grupo pasan Fernando Pardo que ejerce de hablador y guitarrista, dando pausas al concierto con gracia y humor, haciendo mucho más ameno el descanso de instrumentales con trompeta. Javi Vacas es el que aguarda por el fondo del escenario con una sección de bajo increíble. Robbie Lozano es el batería más alejado del fondo del escenario desde tiempos de antaño, al que el grupo se tuvo que adaptar para que este amante de los ritmos complicados disfrutase un poco. David Krahe se va batiendo en duelos guitarreros con Fernando Pardo hasta que tienen que intercambiar manos con mástiles, los pies con las caderas, los riñones con el omoplato y uno detrás de otro (si no lo entienden vean fotografía adjunta) tocando compenetrados sus instrumentos, musicales se entiende. Por último, la novedad tiene de nombre Evgeni Riecmkalov, que es ucraniano, toca la trompeta, en un grupo español, que hace música Surf (a orillas del Manzanares), de aires mixto mejicano, a la limón de un sonido de la cabra cañí y que realiza cambios de tercio toreros como si hubiera aprendido durante toda su vida a la sombra de un tendido en Las Ventas, todo un compendio de influencias.

Aunque pretendan que la gente les grite machotes, la cara de Fernando Pardo denota gusto y placer culero

Lo cierto es que las dudas de un concierto instrumental son disipadas en poco tiempo, Los Coronas es un grupo altamente recomendable para ver en directo y si un mafioso como Steve Van Zandt es un confeso fan y editor de sus discos en Estados Unidos, puede que alguna química especial tengan. Porque al igual que la mafia, resultan ser tremendamente adictivos.

Evgeny, un tío con klase y de la zona más flamenca de Ucrania



miércoles, 4 de marzo de 2009


Downliners Sect

Cuando uno se acuerda de los Rolling Stones se imagina un pedazo muy importante de la historia del Rock, con todo lo bueno y todo lo malo de morritos y compañía. Pero hubo un tiempo en el que éstos no eran ni los más famosos, ni los más ricos, ni los más buenos, ni los más guapos (bueno, a lo mejor esto sigue igual); simplemente eran uno más, en donde la sana competencia entre los grupos era saber cual era mejor, más salvaje y original utilizando menos luces, artificios, giras en las que se cuentan tráileres con una hoja de Excel pero en donde primaban las buenas canciones por encima de cualquier otra cosa. Esta situación era la que vivían en Londres a principios de los sesenta, donde un buen puñado de grupos se refugiaban en el círculo de R&B que encumbró a los Stones pero que dejó a otro de un salvajismo comparable a los Pretty Things llamados Downliners Sect.

Todos sin tocar y uno que no se entera, el batería. De verdad que es que siempre son los mismos...



El grupo se formaría en lo que Rob denominaría en Alta Fidelidad como “un cagadero de la periferia de Londres” llamado Twickenham. Michael O'Donnell (conocido en el gremio como Don Craine) que es un guitarrista obsesionado por el Blues entra en una banda llamada The Downliners, a la que en breve le haría una limpia de personal digna de un buen día del Señor Burns, tanto es así que el propio Craine, que empezó como guitarrista, pasa a ser cantante; el batería y fundador Bo Dilley termina fuera del grupo y es sustituido por Johnny Sutton, al igual que los respectivos bajista y guitarrista, siendo éstos sustituidos por Keith Grant y por Terry Gibson.

Aseguramos que había público, pero Ramón García y Ana Obregón decidieron irse a dar las campanadas, un cuatro de Abril



Puesto que en sus primeros conciertos ya causaban sensación en Twickenham el grupo se tenía que desplazar hasta el centro de Londres para dar un salto de calidad que diría algún contertulio de Carrusel Deportivo. En cada viaje, los miembros del grupo tenían que ir desmintiendo la participación de Craine en Jara y Sedal, pues su gorra de cazador al estilo Sherlock Holmes era motivo de diversas preguntas bienintencionadas. Pese a que el resto del grupo se puso mohíno ante semejante prenda, el tiempo daría la razón a Craine, que no quería enseñar el cartón pero fue su gorra de cazador trasnochado la que se convertiría en un sello identificativo de la banda. Al igual que Twickenham, los conciertos en su local de residencia del West-End eran salvajes e inspirados, por lo que era cuestión de tiempo que un sello independiente como es Contrast Sound se fijará en sus elegantes botines y les contratará para grabar un EP, que contendría cuatro versiones de las grandes obsesiones del grupo: el “Shame Shame Shame” de Jimmy Reed, “Beautiful Delilah” de Chuck Berry, “Nursery Rhymes” de Bo Diddley, y hasta un “Green Onions” de Booker T and the MG´s.

Durante estos inicios de los sesenta, el R&B es todo un filón para esos grandes entendidos musicales: los ejecutivos de las compañías musicales. Firmando para Columbia graban otro par de singles, el primero con una versión de “Baby What's Wrong” y una composición propia: “Be A Sect Maniac” en la que incorporaron al grupo a un músico cuyo instrumento fuera bien manipulable, el armonicista Ray Sone; el segundo con un poco más de éxito que contendría el “Little Egypt” (hecho popular por los Coasters) y “Sect Appeal”. Sería un buen augurio que el Single les diera a conocer, puesto que es 1964 y publican el que sería su LP de debut, “The Sect”, basado principalmente en versiones del Blues de Chicago que se gastaba por Chess pero con el particular sentido del grupo para embrutecer e incendiar el R&B más clásico en pura energía pre-punki, con un añadido músico de sesión llamado John “merodeo por el fondo” Paul Jones.

En alguna de las bodas a las que he ido suele a ver un grupo muy parecido fuera de la iglesia. En el que me incluyo.



Poco después de acelerar las guitarras en su primer álbum tocaría enfurruñar a los de la BBC solo un año después (ya en el palpable 1965). La culpa es de un Ep con el ya tradicional título auto-referencial (“The Sect Sing Sicks Songs”), en el que se incluía la canción “I Want My Baby Back”, una obra maestra que hubiera firmado el mayor especialista de humor negro y que hizo que la BBC los llamará macabros, sombríos y facinerosos. Pese a las obsesiones del grupo por el R&B, el grupo empezó a picotear en otros estilos, materializándose en el segundo álbum, “The Country Sect”, del que dicen los expertos que es uno de los primeros discos que mezcla el Rock con el Country.

Hay que recolocar la chaqueta de cuadros, el pantalón de cuadros y la gorra de cuadros en un mismo indivíduo.

A partir de este segundo disco el declive del grupo fue una constante. Ayudados por el poco éxito de su mezcla de Rock Folk que no debió de resultar muy atractivo ni para los aficionados al pujante R&B ni para los puristas de los sonidos camperos. Lo cierto es que el último LP “The Rock Sect's In” se publicó en 1966, con la curiosidad de que una canción fue escrita por Lou Reed y John Cale, pero por esos años muchos empezaban a elegir a la psicodelia, las cervezas de la garrapata roja y las camisas de perfil hipnótico. Craine hizo una nueva intentona con algún single bastante decente (que creo que hemos incluido en el recopilata para descargar), pero su última grabación sería “I Can't Get Away From You” en 1968.

Como diría Tomás Verleín cada vez que se toma un Nesquik con cuatro cucharadas y media: “Esto ha sido un viaje rápido pero intenso”. Ya saben, acompañen al grupo con un buen refrigerio, que pocas veces encontrarán una secta tan adictiva…y con muchos menos gastos de mantenimiento!

Por birlibirloque de la vida, dejamos un recopilatorio completamente subjetivo con singles de los Sect, sobre todo de sus primeros años y que se pueden encontrar en el recopilatorio de Singles A´s & B´s. Para saber más sobre los tipos más salvajes del R&B no duden en visitar el garaje de Pablo “Pochola” Cazorla, no necesita que lo ordenen puesto que cuenta con un buen surtido discográfico y si la gente se porta bien es capaz de organizar una barbacoa en la puerta en menos tiempo que dura The Witch. Una página imprescindible para conocer el grupo y el mundo garajero más dicharachero.

>>>Pincha y Sectariza<<<



Downliners Sect

Cuando uno se acuerda de los Rolling Stones se imagina un pedazo muy importante de la historia del Rock, con todo lo bueno y todo lo malo de morritos y compañía. Pero hubo un tiempo en el que éstos no eran ni los más famosos, ni los más ricos, ni los más buenos, ni los más guapos (bueno, a lo mejor esto sigue igual); simplemente eran uno más, en donde la sana competencia entre los grupos era saber cual era mejor, más salvaje y original utilizando menos luces, artificios, giras en las que se cuentan tráileres con una hoja de Excel pero en donde primaban las buenas canciones por encima de cualquier otra cosa. Esta situación era la que vivían en Londres a principios de los sesenta, donde un buen puñado de grupos se refugiaban en el círculo de R&B que encumbró a los Stones pero que dejó a otro de un salvajismo comparable a los Pretty Things llamados Downliners Sect.

Todos sin tocar y uno que no se entera, el batería. De verdad que es que siempre son los mismos...

El grupo se formaría en lo que Rob denominaría en Alta Fidelidad como “un cagadero de la periferia de Londres” llamado Twickenham. Michael O'Donnell (conocido en el gremio como Don Craine) que es un guitarrista obsesionado por el Blues entra en una banda llamada The Downliners, a la que en breve le haría una limpia de personal digna de un buen día del Señor Burns, tanto es así que el propio Craine, que empezó como guitarrista, pasa a ser cantante; el batería y fundador Bo Dilley termina fuera del grupo y es sustituido por Johnny Sutton, al igual que los respectivos bajista y guitarrista, siendo éstos sustituidos por Keith Grant y por Terry Gibson.

Aseguramos que había público, pero Ramón García y Ana Obregón decidieron irse a dar las campanadas, un cuatro de Abril



Puesto que en sus primeros conciertos ya causaban sensación en Twickenham el grupo se tenía que desplazar hasta el centro de Londres para dar un salto de calidad que diría algún contertulio de Carrusel Deportivo. En cada viaje, los miembros del grupo tenían que ir desmintiendo la participación de Craine en Jara y Sedal, pues su gorra de cazador al estilo Sherlock Holmes era motivo de diversas preguntas bienintencionadas. Pese a que el resto del grupo se puso mohíno ante semejante prenda, el tiempo daría la razón a Craine, que no quería enseñar el cartón pero fue su gorra de cazador trasnochado la que se convertiría en un sello identificativo de la banda. Al igual que Twickenham, los conciertos en su local de residencia del West-End eran salvajes e inspirados, por lo que era cuestión de tiempo que un sello independiente como es Contrast Sound se fijará en sus elegantes botines y les contratará para grabar un EP, que contendría cuatro versiones de las grandes obsesiones del grupo: el “Shame Shame Shame” de Jimmy Reed, “Beautiful Delilah” de Chuck Berry, “Nursery Rhymes” de Bo Diddley, y hasta un “Green Onions” de Booker T and the MG´s.

Durante estos inicios de los sesenta, el R&B es todo un filón para esos grandes entendidos musicales: los ejecutivos de las compañías musicales. Firmando para Columbia graban otro par de singles, el primero con una versión de “Baby What's Wrong” y una composición propia: “Be A Sect Maniac” en la que incorporaron al grupo a un músico cuyo instrumento fuera bien manipulable, el armonicista Ray Sone; el segundo con un poco más de éxito que contendría el “Little Egypt” (hecho popular por los Coasters) y “Sect Appeal”. Sería un buen augurio que el Single les diera a conocer, puesto que es 1964 y publican el que sería su LP de debut, “The Sect”, basado principalmente en versiones del Blues de Chicago que se gastaba por Chess pero con el particular sentido del grupo para embrutecer e incendiar el R&B más clásico en pura energía pre-punki, con un añadido músico de sesión llamado John “merodeo por el fondo” Paul Jones.

En alguna de las bodas a las que he ido suele a ver un grupo muy parecido fuera de la iglesia. En el que me incluyo.



Poco después de acelerar las guitarras en su primer álbum tocaría enfurruñar a los de la BBC solo un año después (ya en el palpable 1965). La culpa es de un Ep con el ya tradicional título auto-referencial (“The Sect Sing Sicks Songs”), en el que se incluía la canción “I Want My Baby Back”, una obra maestra que hubiera firmado el mayor especialista de humor negro y que hizo que la BBC los llamará macabros, sombríos y facinerosos. Pese a las obsesiones del grupo por el R&B, el grupo empezó a picotear en otros estilos, materializándose en el segundo álbum, “The Country Sect”, del que dicen los expertos que es uno de los primeros discos que mezcla el Rock con el Country.

Hay que recolocar la chaqueta de cuadros, el pantalón de cuadros y la gorra de cuadros en un mismo indivíduo.

A partir de este segundo disco el declive del grupo fue una constante. Ayudados por el poco éxito de su mezcla de Rock Folk que no debió de resultar muy atractivo ni para los aficionados al pujante R&B ni para los puristas de los sonidos camperos. Lo cierto es que el último LP “The Rock Sect's In” se publicó en 1966, con la curiosidad de que una canción fue escrita por Lou Reed y John Cale, pero por esos años muchos empezaban a elegir a la psicodelia, las cervezas de la garrapata roja y las camisas de perfil hipnótico. Craine hizo una nueva intentona con algún single bastante decente (que creo que hemos incluido en el recopilata para descargar), pero su última grabación sería “I Can't Get Away From You” en 1968.

Como diría Tomás Verleín cada vez que se toma un Nesquik con cuatro cucharadas y media: “Esto ha sido un viaje rápido pero intenso”. Ya saben, acompañen al grupo con un buen refrigerio, que pocas veces encontrarán una secta tan adictiva…y con muchos menos gastos de mantenimiento!

Por birlibirloque de la vida, dejamos un recopilatorio completamente subjetivo con singles de los Sect, sobre todo de sus primeros años y que se pueden encontrar en el recopilatorio de Singles A´s & B´s. Para saber más sobre los tipos más salvajes del R&B no duden en visitar el garaje de Pablo “Pochola” Cazorla, no necesita que lo ordenen puesto que cuenta con un buen surtido discográfico y si la gente se porta bien es capaz de organizar una barbacoa en la puerta en menos tiempo que dura The Witch. Una página imprescindible para conocer el grupo y el mundo garajero más dicharachero.

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