lunes, 26 de abril de 2010

Reduciendo el futuro próximo de lo que acontezca en garajeland las próximas semanas, un listado de nombres en fase reducida sería el siguiente:

Jeff Tweedy: Un tipo muy famoso por ser el básicamente el que da órdenes en Wilco. Algunos seguimos llamándole cariñosamente “el migrañas”, y no es por reírnos de él, ya que con ellas o sin ellas ha escrito canciones tan maravillosas como “Heavy Metal Drummer”. Existen rumores de que su personalidad es algo complicada, en Wilco han ido rodando cabezas salvo la de John Stirratt que tiene pinta de señor amable. Es capaz de saltar a un concierto con la sintonía de Dallas y luciendo un sombrero campero de lo más elegante, a nadie nos extraña porque antes estaba en un grupo que hacía una música campera fabulosa. Ahora hace canciones de muchos minutos con una trasmisión de radio, lo cual no es óbice para que todos y cada uno de los discos de Wilco suenen de maravilla.



Rial, Di Stefano, Puskas y Gento



Jay Farrar: Era amigo de la infancia de Tweedy. Pese a que eran de Chicago sus gustos por el Country clásico les convierte en blanco fácil para niños más fuertes que querían darles de puñetazos hasta que los escorromollaran. Al poco tiempo ya no eran tan amigos y nunca grabaron más juntos. Como suele pasar en estos casos, el capo de los principios se hizo mucho menos famoso que Tweddy, grabando canciones con menos ruiditos que las de Wilco pero no por ello peores (aunque al bueno de Jay le gustaría decir lo mismo de su cuenta corriente). Que se sepa no ha tenido mucho contacto con el resto de individuos que hoy nos ocupa.

Mark Olson: A mediados de los ochenta monta un grupo muy bueno aunque en sus primeros años no lo eran tanto: The Jayhawks. Vive en Minesota, donde hace más frío que en la nevera, dicho lo cual es un amante de la música tradicional americana tirando del Sur para abajo. Durante un tiempo comparte composiciones en los Jayhawks con Gary Louris. Les sale tan bien el asunto que graban algunos de los discos imprescindibles de la música contemporánea. Tiene cara de bueno. Y así lo demostró abandonando durante un tiempo muy largo la música para cuidar a su mujer que estaba malita.

Gary Louris: Ha compartido estudio en algún momento con todos salvo con Jay Farrar. Siempre lleva unas gafas de señora que se baja a desayunar un café con cruasán en un día lluvioso. Nación en Toledo, pero en una ciudad que no tiene tantas cuestas y se encuentra en Ohio. Como Mark Olson también vivía día sí y día también a muchos grados bajo cero. Tanto frío no le gustaba y descubrió el Sur de España, en donde parece que vive tan bien a base de pescaíto frito que no hace canciones tan buenas como antes. Algunos dicen que también tiene un carácter complicadillo, mi opinión es que algo de estrellita si debe de tener, pero da igual porque casi siempre que participa en un disco lo hace para que el resto de músicos parezcan aficionados a su lado.

Ahora pensarán que demonios tienen que ver unos con otros, a que es debido todo este derroche de palabras que no aportan nada, y sobre todo que han hecho estos tipos para que merezcan ser recordados. Esta última pregunta sería más fácil: alegrar a principios de los noventa el panorama musical con los sonidos camperos de antaño y otras melodías igual de satisfactorias.


Reduciendo el futuro próximo de lo que acontezca en garajeland las próximas semanas, un listado de nombres en fase reducida sería el siguiente:

Jeff Tweedy: Un tipo muy famoso por ser el básicamente el que da órdenes en Wilco. Algunos seguimos llamándole cariñosamente “el migrañas”, y no es por reírnos de él, ya que con ellas o sin ellas ha escrito canciones tan maravillosas como “Heavy Metal Drummer”. Existen rumores de que su personalidad es algo complicada, en Wilco han ido rodando cabezas salvo la de John Stirratt que tiene pinta de señor amable. Es capaz de saltar a un concierto con la sintonía de Dallas y luciendo un sombrero campero de lo más elegante, a nadie nos extraña porque antes estaba en un grupo que hacía una música campera fabulosa. Ahora hace canciones de muchos minutos con una trasmisión de radio, lo cual no es óbice para que todos y cada uno de los discos de Wilco suenen de maravilla.



Rial, Di Stefano, Puskas y Gento



Jay Farrar: Era amigo de la infancia de Tweedy. Pese a que eran de Chicago sus gustos por el Country clásico les convierte en blanco fácil para niños más fuertes que querían darles de puñetazos hasta que los escorromollaran. Al poco tiempo ya no eran tan amigos y nunca grabaron más juntos. Como suele pasar en estos casos, el capo de los principios se hizo mucho menos famoso que Tweddy, grabando canciones con menos ruiditos que las de Wilco pero no por ello peores (aunque al bueno de Jay le gustaría decir lo mismo de su cuenta corriente). Que se sepa no ha tenido mucho contacto con el resto de individuos que hoy nos ocupa.

Mark Olson: A mediados de los ochenta monta un grupo muy bueno aunque en sus primeros años no lo eran tanto: The Jayhawks. Vive en Minesota, donde hace más frío que en la nevera, dicho lo cual es un amante de la música tradicional americana tirando del Sur para abajo. Durante un tiempo comparte composiciones en los Jayhawks con Gary Louris. Les sale tan bien el asunto que graban algunos de los discos imprescindibles de la música contemporánea. Tiene cara de bueno. Y así lo demostró abandonando durante un tiempo muy largo la música para cuidar a su mujer que estaba malita.

Gary Louris: Ha compartido estudio en algún momento con todos salvo con Jay Farrar. Siempre lleva unas gafas de señora que se baja a desayunar un café con cruasán en un día lluvioso. Nación en Toledo, pero en una ciudad que no tiene tantas cuestas y se encuentra en Ohio. Como Mark Olson también vivía día sí y día también a muchos grados bajo cero. Tanto frío no le gustaba y descubrió el Sur de España, en donde parece que vive tan bien a base de pescaíto frito que no hace canciones tan buenas como antes. Algunos dicen que también tiene un carácter complicadillo, mi opinión es que algo de estrellita si debe de tener, pero da igual porque casi siempre que participa en un disco lo hace para que el resto de músicos parezcan aficionados a su lado.

Ahora pensarán que demonios tienen que ver unos con otros, a que es debido todo este derroche de palabras que no aportan nada, y sobre todo que han hecho estos tipos para que merezcan ser recordados. Esta última pregunta sería más fácil: alegrar a principios de los noventa el panorama musical con los sonidos camperos de antaño y otras melodías igual de satisfactorias.


jueves, 22 de abril de 2010

Ya se conocen las fechas, Dom Mariani, que siempre he dicho que no tenía un pelo de tonto, ya sabía lo que iba a ocurrir con un volcán en Islandia y viajará a finales de Mayo por la península con los Stems a bordo. Ahora que parece que han limado asperezas del pasado vuelven al país que mejor les da de comer (de otra forma no se explica tanta visita del peluquín de Mariani) con todas sus canciones australianas y un pan bajo el brazo. Koalas no, no están permitidos en Europa porque recuerden lo que pasa si se introduce una nueva especie en un ecosistema diferente: que seguramente los gatos se coman a las vacas, los canguros serán funcionarios de hacienda y las patatas fritas se servirán con mayonesa.

The Stems, y a primera vista un fotógrafo que no llevaba la cabeza a nivel



Las fechas son las siguientes, suerte para los que les pille cerca, y más suerte todavía para los que tengan vacaciones y se puedan dar un viaje para verlos.

25 Mayo, en Gijón en el Savoy Club
26 Mayo, Sala Nasa de Santiago de Compostela
27 Mayo, Madriles, sala Sol
28 Mayo, Andoain en el Auditorio Bastero
29 Mayo, Elche, Cultural La Llotja

A veces generosos, os dejamos un enlace con sus singles más garageros y psicodélicos de sus primeros años. No por ello menos fundamentales que cuando un poco más tarde publican At First Sight, pero sí que bastante mejor que cuando nos dejaron la friolera de 20 años sin canciones juntos. Perros.

Servidor:Megaupload. Contraseña: peluquin


Ya se conocen las fechas, Dom Mariani, que siempre he dicho que no tenía un pelo de tonto, ya sabía lo que iba a ocurrir con un volcán en Islandia y viajará a finales de Mayo por la península con los Stems a bordo. Ahora que parece que han limado asperezas del pasado vuelven al país que mejor les da de comer (de otra forma no se explica tanta visita del peluquín de Mariani) con todas sus canciones australianas y un pan bajo el brazo. Koalas no, no están permitidos en Europa porque recuerden lo que pasa si se introduce una nueva especie en un ecosistema diferente: que seguramente los gatos se coman a las vacas, los canguros serán funcionarios de hacienda y las patatas fritas se servirán con mayonesa.

The Stems, y a primera vista un fotógrafo que no llevaba la cabeza a nivel



Las fechas son las siguientes, suerte para los que les pille cerca, y más suerte todavía para los que tengan vacaciones y se puedan dar un viaje para verlos.

25 Mayo, en Gijón en el Savoy Club
26 Mayo, Sala Nasa de Santiago de Compostela
27 Mayo, Madriles, sala Sol
28 Mayo, Andoain en el Auditorio Bastero
29 Mayo, Elche, Cultural La Llotja

A veces generosos, os dejamos un enlace con sus singles más garageros y psicodélicos de sus primeros años. No por ello menos fundamentales que cuando un poco más tarde publican At First Sight, pero sí que bastante mejor que cuando nos dejaron la friolera de 20 años sin canciones juntos. Perros.

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Ya se conocen las fechas, Dom Mariani, que siempre he dicho que no tenía un pelo de tonto ya sabía lo que iba a ocurrir con un volcán en Islandia, y viajará a finales de Mayo por la península con los Stems a bordo. Ahora que parece que han limado asperezas del pasado vuelven al país que mejor les da de comer (de otra forma no se explica tanta visita del peluquín de Mariani) con todas sus canciones australianas y un pan bajo el brazo. Koalas no, no están permitidos en Europa porque recuerden lo que pasa si se introduce una nueva especie en un ecosistema diferente: que seguramente los gatos se coman a las vacas, los canguros serán funcionarios de hacienda y las patatas fritas se servirán con mayonesa.

The Stems, y a primera vista un fotógrafo que no llevaba la cabeza a nivel



Las fechas son las siguientes, suerte para los que les pille cerca, y más suerte todavía para los que tengan vacaciones y se puedan dar un viaje para verlos.

25 Mayo, en Gijón en el Savoy Club
26 Mayo, Sala Nasa de Santiago de Compostela
27 Mayo, Madriles, sala Sol
28 Mayo, Andoain en el Auditorio Bastero
29 Mayo, Elche, Cultural La Llotja

A veces generosos, os dejamos un enlace con sus singles más garageros y psicodélicos de sus primeros años. No por ello menos fundamentales que cuando un poco más tarde publican At First Sight, pero sí que bastante mejor que cuando nos dejaron la friolera de 20 años sin canciones juntos. Perros.

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viernes, 16 de abril de 2010


The Smithereens - Especially For You (1986)


Dentro de los grupos musicales que más nos gustan siempre sentimos un cierto afecto por todos los que han ido a destiempo de modas y otros enseres. Entre ellos a NRBQ se les tiene un cariño especial por el añadido de parecer tan majetes y haber sido timados hasta decir basta. A los Flamin` Groovies se les adora, pues, porque son los Flamin` Groovies. De Big Star lo que les hace tan especiales es que salvaron al mundo de un universo musical muy, muy, muy pero que muy largo y tedioso. Otro grupo de los que podrían entrar en este club serían los Smithereens, un cuarteto que en sus inicios tenían todo en contra para no triunfar (¿sería finalmente así?) en unos recién iniciados ochenta con unos ideales distantes a los de aquellos años; fanes empedernidos de los Beatles, un armario ropero absolutamente lamentable alejado de nuevo romanticismo y un añadido que, al contrario que en épocas pasadas, sí parecía tener importancia a la hora de hacer buenas canciones: ser honradamente feos.


Un momento de buena suerte es salir a la carretera sin chaleco homologado sin ser despojado de dinero y dignidad por parte de la autoridad competente



Los Smithereens se forman (curiosamente) en el que es reconocido por el mundo yanqui como el estado más feo de la unión: Nueva Jersey. Es 1980, y Pat Dinizio, muchos años antes de convertirse en una terrorífica fusión entre Spike Lee y José María Iñigo, y años después de estar a punto de tomar la empresa familiar de recogida de residuos (the garbageman para los amigos), comienza a tocar con el baterista Dennis Dikens, el bajista Mike Mesaros, y el guitarrista Jim Babjak. Tras éxitos modestos en forma de EPs y muchos conciertos a sus espaldas, los años van pasando, muchas cintas gastadas en envíos a discográficas, y absolutamente todas les van rechazando con miramientos. Todas no, Enigma Records recibió una cinta que no contenía ni biografía, ni fotos, y como no podía ser de otra manera la disquera se interesa por el grupo y les llama a filas para firmar contrato en un bar (personalmente desconfiaría el estampar mi firma con cabezas de gambas a los pies) y grabar el primer larga duración. Habían pasado seis años desde su primer intento por grabar un disco y Pat y compañía no se podían quejar de la espera, las guerras púnicas sin ir más lejos duraron más años.


Los Smithereens firman su contrato, o lo que parece un folio en blanco



Un tiempo que hizo en su favor, ya que a la hora de llegar al estudio las canciones las fueron tocando con la rapidez con la que cualquiera de nosotros recitamos las preposiciones (sepamos o no utilizarlas luego). Prácticamente todas ellas ya iban machacadas previamente, y en diez días (las malas lenguas dicen que once) completan las doce canciones del disco bajo la producción de una de las pocas personas que creía en ellos, un Don Dixon que realiza un estupendo trabajo rebajando las inspiraciones beatlemanas del grupo en pos de un sonido más realista a los tiempos que corren. Pese a la evidente influencia de la invasión británica, no deja de ser recomendable escuchar canciones como “Time And Time Again”, “Hand Of Glory” o “Strangers When We Meet”, que nadan entre el buen Pop y Powerpop, con dosis sentimentales que llegan un poquito más al fondo, como con “Cigarette” o “In A Lonely Place” que cuenta en la femenina parte vocal con Suzanne Vega (esa chica de buena vocalización y que cantaba que su nombre era Luka).

Pese al éxito moderado del single de “Blood And Roses” y cubrir con creces las diez mil copias que habían previsto vender en su discográfica, los Smithereens siempre han caminado entre el grupo de minorías y desafortunadas colaboraciones, como un video clip con el mal llamado actor Jean Claude Van Damme. A día de hoy, salvo en pequeños espacios, encontrar interesante información del grupo es complicado, y muchas veces los satánicos parámetros de google les asocian con Nirvana (Kurt Cobain, entre muchiiiisimos otros, dijo que este era uno de sus discos favoritos). Curiosamente un movimiento grunge que se los llevó por delante mellando poco a poco la repercusión de sus canciones entre públicos más numerosos.


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The Smithereens - Especially For You (1986)


Dentro de los grupos musicales que más nos gustan siempre sentimos un cierto afecto por todos los que han ido a destiempo de modas y otros enseres. Entre ellos a NRBQ se les tiene un cariño especial por el añadido de parecer tan majetes y haber sido timados hasta decir basta. A los Flamin` Groovies se les adora, pues, porque son los Flamin` Groovies. De Big Star lo que les hace tan especiales es que salvaron al mundo de un universo musical muy, muy, muy pero que muy largo y tedioso. Otro grupo de los que podrían entrar en este club serían los Smithereens, un cuarteto que en sus inicios tenían todo en contra para no triunfar (¿sería finalmente así?) en unos recién iniciados ochenta con unos ideales distantes a los de aquellos años; fanes empedernidos de los Beatles, un armario ropero absolutamente lamentable alejado de nuevo romanticismo y un añadido que, al contrario que en épocas pasadas, sí parecía tener importancia a la hora de hacer buenas canciones: ser honradamente feos.


Un momento de buena suerte es salir a la carretera sin chaleco homologado sin ser despojado de dinero y dignidad por parte de la autoridad competente



Los Smithereens se forman (curiosamente) en el que es reconocido por el mundo yanqui como el estado más feo de la unión: Nueva Jersey. Es 1980, y Pat Dinizio, muchos años antes de convertirse en una terrorífica fusión entre Spike Lee y José María Iñigo, y años después de estar a punto de tomar la empresa familiar de recogida de residuos (the garbageman para los amigos), comienza a tocar con el baterista Dennis Dikens, el bajista Mike Mesaros, y el guitarrista Jim Babjak. Tras éxitos modestos en forma de EPs y muchos conciertos a sus espaldas, los años van pasando, muchas cintas gastadas en envíos a discográficas, y absolutamente todas les van rechazando con miramientos. Todas no, Enigma Records recibió una cinta que no contenía ni biografía, ni fotos, y como no podía ser de otra manera la disquera se interesa por el grupo y les llama a filas para firmar contrato en un bar (personalmente desconfiaría el estampar mi firma con cabezas de gambas a los pies) y grabar el primer larga duración. Habían pasado seis años desde su primer intento por grabar un disco y Pat y compañía no se podían quejar de la espera, las guerras púnicas sin ir más lejos duraron más años.


Los Smithereens firman su contrato, o lo que parece un folio en blanco



Un tiempo que hizo en su favor, ya que a la hora de llegar al estudio las canciones las fueron tocando con la rapidez con la que cualquiera de nosotros recitamos las preposiciones (sepamos o no utilizarlas luego). Prácticamente todas ellas ya iban machacadas previamente, y en diez días (las malas lenguas dicen que once) completan las doce canciones del disco bajo la producción de una de las pocas personas que creía en ellos, un Don Dixon que realiza un estupendo trabajo rebajando las inspiraciones beatlemanas del grupo en pos de un sonido más realista a los tiempos que corren. Pese a la evidente influencia de la invasión británica, no deja de ser recomendable escuchar canciones como “Time And Time Again”, “Hand Of Glory” o “Strangers When We Meet”, que nadan entre el buen Pop y Powerpop, con dosis sentimentales que llegan un poquito más al fondo, como con “Cigarette” o “In A Lonely Place” que cuenta en la femenina parte vocal con Suzanne Vega (esa chica de buena vocalización y que cantaba que su nombre era Luka).

Pese al éxito moderado del single de “Blood And Roses” y cubrir con creces las diez mil copias que habían previsto vender en su discográfica, los Smithereens siempre han caminado entre el grupo de minorías y desafortunadas colaboraciones, como un video clip con el mal llamado actor Jean Claude Van Damme. A día de hoy, salvo en pequeños espacios, encontrar interesante información del grupo es complicado, y muchas veces los satánicos parámetros de google les asocian con Nirvana (Kurt Cobain, entre muchiiiisimos otros, dijo que este era uno de sus discos favoritos). Curiosamente un movimiento grunge que se los llevó por delante mellando poco a poco la repercusión de sus canciones entre públicos más numerosos.


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domingo, 11 de abril de 2010


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).


La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).


La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).


La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).

La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.