domingo, 11 de abril de 2010


Sé que cada cual tiene su afición, y aunque la mía sea elaborar un acopio de discos resultón, hay gente que le entusiasma mecanografiar sobre los demás. Se escribirán ríos de tinta sobre mi desaparición, hablará largo y tendido en tertulias, habrá ediciones especiales del telediario, el As no sacará en portada la tripa de Cristiano Ronaldo y se publicarán diversas biografías no autorizadas. Creo que deliro.

En todo caso, algunos dirán que estaba trabajando, pocos insinuarán que mi recién descubierta afición por coleccionar publicidad de videntes africanos en las cercanías del metro de plaza elíptica me hizo perder la chaveta, y las últimas mentiras que estaba superando unas pruebas de la NASA que consistían en estar tumbado sin moverse durante mes y medio (pero esa ya la conseguí con éxito, era fácil).


La verdad es bien distinta, hace ya unas semanas paseaba por un polígono industrial y me dio por filosofar, una simple cerveza corría por mis venas y en mi estomago sólo había alojado un soso sándwich de atún. Unos seres de aspecto inusual por no llevar prenda alguna pero un artefacto sonoro de sonido estridente se detuvieron ante mí con muy malas pulgas. Sin mediar palabra se presentaron como seres de otro planeta y tendrían que llevarme a un análisis estricto de mi psique y cuerpo pensante. Obviamente hice lo que haría cualquiera de ustedes: acompañarles de buen grado. Juro y perjuro que al doblar la esquina una nave espacial de color verde y luces de colores nos esperaba. Estas cosas no pasan todos los días me dije para dentro.

Plano subjetivo en escala de grises de los colegas de Wood que me examinaron, porque si hubiera sido él me hubiera saludado. Imagino.

Dentro de la misma fui acusado de ser el creador y guionista de los anuncios de la Mahou Mixta. Creía que era una broma. Pero la cara de los bichos grises hijos de perra (cariñosamente acabé llamándoles así) reflejaba una especie de mirada entre ambigua y de Jesús Quintero que me hizo sospechar que la pregunta iba en serio. Me explicaron de forma concienzuda que tras esa aparente idiotez de anuncio se escondía la forma de destruir su planeta (del que por cierto, nunca mencionaron su nombre y/o localización). Tras largas explicaciones y defensa, consiguieron creer que yo sólo era un trabajador venido a menos, que paseaba por la calle pensando en cómo cambiar un bloc de música en el que humildemente se daban a conocer grupos de garaje o powerpop. Me pidieron el nombre de la bitácora para quedarse tranquilos y dejarme marchar de una vez por todas. Casi. Después de una relectura de los artículos que allí se alojaban me tuvieron en estudio durante un par de horas más, con tubos que se introducían en mi cuerpo por zonas que desconocía bajo un líquido viscoso.


Un posterior informe detallado analizaba mi subida de libido al proyectar imágenes del nuevo programa de Bertín Osborne en Intereconomía TV. Los grises bichos hijos de perra me dejaron salir no sin antes dejarme un patético consejo acerca de cómo debía tratar el blog en el futuro: “Hagas lo que hagas terminarás haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué razón tienen esos hijos de perra.


Salí de aquella nave espacial y enseguida lo comprendí todo. La nave verde era el autobús que debía llevarme a casa, los bichos grises era el orondo y antipático conductor de la 516, cuyos sonidos estridentes no salían de su cuerpo, sino de la radio en la que se escuchaba Carrusel Deportivo, el líquido viscoso era una fuga de gelatina en la bolsa de la compra y en mi mp3 sonaba “Time And Time Again” de los Smithereens.

Ahora vuelve a haber ganas de volver al garaje.

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