jueves, 21 de abril de 2011

Semana santa: esa época de torrijas, los Shins o un disco de Elliott Smith.

Elliott Smith - Either/Or y The Shins - Oh, Inverted World



Llega la semana santa, y con ella nuestra habitual reflexión primaveral: ¿El cuerpo nos pide un disco optimista o por el contrario se hace necesaria la escucha de otro más introvertido? Cosas de ser una continua contradicción en mi mismo elegiría siempre la primera opción salvo los días en los que escogería la de hacerse ovillo y ponerme una sudadera holgada para pasar el momento. Ante estas dos elecciones, dos discos a destacar hoy: el primero Oh, Inverted World del grupo de Alburquerque (donde se quieren llevar los Átomos de Springfield) The Shins; del otro lado el intimo Either/Or de Elliott Smith.



La mano izquierda aquí y la mano derecha allá, si ahora tengo otro teclado detrás me convierto en Nacho Cano.



Si durante estas fechas eres de los que se emociona mirando el brote de las hojas de los árboles, bajas a pasear por el carril bici de tu ciudad cuando sale el Sol, las torrijas se convierten en un modo de alimentarse (y bien), y además esbozas una sonrisa cuando bajas a la calle sin paraguas y te cae un repentino chaparrón (y esto no me ha pasado hace unos minutos), tu elección se decantará por los Shins. Grupo de exquisitas melodías pop, optimista en su mayor tiempo y algo melancólico cuando hace falta. Las composiciones del bueno de James Mercer siempre navegan entre las armonías vocales y el soplo del aire fresco psicodélico para entregar un disco de debut pegajoso e inmediato que hará las delicias de los que quieran ser una persona mágica que habita en el país de la piruleta. En cierta película Natalie Portman decía “los Shins te cambiarán la vida”, no sé si tanto, pero pueden arreglar una cara de cartón en media canción.



En garajeland siempre apoyamos el chapuzón seguro, tanto o más que ponerse unos bañadores que se pondría el mismísimo Marichalar


Por el contrario, estás hasta las narices de estornudar por las alergias, ir al campo a ver en su hábitat natural a la ardilla reticulada es tu peor enemigo, las torrijas se te han quedado secas, te has jorobado el hombro cargando con una Virgen que ni siquiera ha pasado por tu casa a saludarte, o simplemente quieres hacerte una bola y sentarte en el sofá con una manta sobre la cabeza sin que cubra tus pies. En este caso Elliott Smith colmará tus exigencias sobradamente. No entraremos en detalle del fatal desenlace de este introvertido genio que dejó una discografía más que aprovechable, sólo decir que Either/Or es una muestra de ello, canciones casi nocturnas, otoñales más que primaverales (aunque esto admite excepciones o el post se va al garete) y conmovedor si éste se cuela por alguna zona sensible del oyente. ¿Qué el disco es tristón? Sí, y mucho, pero no por ello hay que abandonarlo como a aquellos calzoncillos largos con tirantes que ocupan el fondo del armario.

Elijan o no, quédense con ambos, puede ser un poco raro escucharlos a la vez, pero ya saben que con dos altavoces todo es factible, y si no que se lo digan a los cachivaches de la feria en donde el estéreo toma otra dimensión.



Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin


$$$Pincha & Either$$$ $$$Pincha & Inverted$$$




Elliott Smith - Either/Or y The Shins - Oh, Inverted World



Llega la semana santa, y con ella nuestra habitual reflexión primaveral: ¿El cuerpo nos pide un disco optimista o por el contrario se hace necesaria la escucha de otro más introvertido? Cosas de ser una continua contradicción en mi mismo elegiría siempre la primera opción salvo los días en los que escogería la de hacerse ovillo y ponerme una sudadera holgada para pasar el momento. Ante estas dos elecciones, dos discos a destacar hoy: el primero Oh, Inverted World del grupo de Alburquerque (donde se quieren llevar los Átomos de Springfield) The Shins; del otro lado el intimo Either/Or de Elliott Smith.



La mano izquierda aquí y la mano derecha allá, si ahora tengo otro teclado detrás me convierto en Nacho Cano.




Si durante estas fechas eres de los que se emociona mirando el brote de las hojas de los árboles, bajas a pasear por el carril bici de tu ciudad cuando sale el Sol, las torrijas se convierten en un modo de alimentarse (y bien), y además esbozas una sonrisa cuando bajas a la calle sin paraguas y te cae un repentino chaparrón (y esto no me ha pasado hace unos minutos), tu elección se decantará por los Shins. Grupo de exquisitas melodías pop, optimista en su mayor tiempo y algo melancólico cuando hace falta. Las composiciones del bueno de James Mercer siempre navegan entre las armonías vocales y el soplo del aire fresco psicodélico para entregar un disco de debut pegajoso e inmediato que hará las delicias de los que quieran ser una persona mágica que habita en el país de la piruleta. En cierta película Natalie Portman decía “los Shins te cambiarán la vida”, no sé si tanto, pero pueden arreglar una cara de cartón en media canción.




En garajeland siempre apoyamos el chapuzón seguro, tanto o más que ponerse unos bañadores que se pondría el mismísimo Marichalar



Por el contrario, estás hasta las narices de estornudar por las alergias, ir al campo a ver en su hábitat natural a la ardilla reticulada es tu peor enemigo, las torrijas se te han quedado secas, te has jorobado el hombro cargando con una Virgen que ni siquiera ha pasado por tu casa a saludarte, o simplemente quieres hacerte una bola y sentarte en el sofá con una manta sobre la cabeza sin que cubra tus pies. En este caso Elliott Smith colmará tus exigencias sobradamente. No entraremos en detalle del fatal desenlace de este introvertido genio que dejó una discografía más que aprovechable, sólo decir que Either/Or es una muestra de ello, canciones casi nocturnas, otoñales más que primaverales (aunque esto admite excepciones o el post se va al garete) y conmovedor si éste se cuela por alguna zona sensible del oyente. ¿Qué el disco es tristón? Sí, y mucho, pero no por ello hay que abandonarlo como a aquellos calzoncillos largos con tirantes que ocupan el fondo del armario.

Elijan o no, quédense con ambos, puede ser un poco raro escucharlos a la vez, pero ya saben que con dos altavoces todo es factible, y si no que se lo digan a los cachivaches de la feria en donde el estéreo toma otra dimensión.



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Elliott Smith - Either/Or y The Shins - Oh, Inverted World



Llega la semana santa, y con ella nuestra habitual reflexión primaveral: ¿El cuerpo nos pide un disco optimista o por el contrario se hace necesaria la escucha de otro más introvertido? Cosas de ser una continua contradicción en mi mismo elegiría siempre la primera opción salvo los días en los que escogería la de hacerse ovillo y ponerme una sudadera holgada para pasar el momento. Ante estas dos elecciones, dos discos a destacar hoy: el primero Oh, Inverted World del grupo de Alburquerque (donde se quieren llevar los Átomos de Springfield) The Shins; del otro lado el intimo Either/Or de Elliott Smith.




La mano izquierda aquí y la mano derecha allá, si ahora tengo otro teclado detrás me convierto en Nacho Cano.



Si durante estas fechas eres de los que se emociona mirando el brote de las hojas de los árboles, bajas a pasear por el carril bici de tu ciudad cuando sale el Sol, las torrijas se convierten en un modo de alimentarse (y bien), y además esbozas una sonrisa cuando bajas a la calle sin paraguas y te cae un repentino chaparrón (y esto no me ha pasado hace unos minutos), tu elección se decantará por los Shins. Grupo de exquisitas melodías pop, optimista en su mayor tiempo y algo melancólico cuando hace falta. Las composiciones del bueno de James Mercer siempre navegan entre las armonías vocales y el soplo del aire fresco psicodélico para entregar un disco de debut pegajoso e inmediato que hará las delicias de los que quieran ser una persona mágica que habita en el país de la piruleta. En cierta película Natalie Portman decía “los Shins te cambiarán la vida”, no sé si tanto, pero pueden arreglar una cara de cartón en media canción.



Texto



Por el contrario, estás hasta las narices de estornudar por las alergias, ir al campo a ver en su hábitat natural a la ardilla reticulada es tu peor enemigo, las torrijas se te han quedado secas, te has jorobado el hombro cargando con una Virgen que ni siquiera ha pasado por tu casa a saludarte, o simplemente quieres hacerte una bola y sentarte en el sofá con una manta sobre la cabeza sin que cubra tus pies. En este caso Elliott Smith colmará tus exigencias sobradamente. No entraremos en detalle del fatal desenlace de este introvertido genio que dejó una discografía más que aprovechable, sólo decir que Either/Or es una muestra de ello, canciones casi nocturnas, otoñales más que primaverales (aunque esto admite excepciones o el post se va al garete) y conmovedor si éste se cuela por alguna zona sensible del oyente. ¿Qué el disco es tristón? Sí, y mucho, pero no por ello hay que abandonarlo como a aquellos calzoncillos largos con tirantes que ocupan el fondo del armario.

Elijan o no, quédense con ambos, puede ser un poco raro escucharlos a la vez, pero ya saben que con dos altavoces todo es factible, y si no que se lo digan a los cachivaches de la feria en donde el estéreo toma otra dimensión.



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sábado, 9 de abril de 2011



Don’t Give It Up Now / How Do You Know?


Sección en formato reducido que no hace otra cosa sino demostrar que la utilizamos cuando no tenemos tiempo para una en tamaño normal o extra jes extender cuando nos da por alargar un poco la tecla; o lo que es peor, también es utilizada cuando no fluyen ideas, es decir, algo que ocurre la mayor parte del tiempo del calendario juliano por el que nos guiamos. Se nos ve el peluquín, y mucho.

No obstante, todo el texto anterior podría invertirse por un comunicado en el que defendiéramos esta sección como una pequeña delicia, más si en ella se incluyen a los enormes e imprescindibles garageros de los Lyres. Afamado grupo bostoniano del revival ochentero, surgido de las cenizas de los extintos DMZ, en el que Jeff “Monoman” Conolly lidera a todos y cuantos músicos toquen tras él en ese momento. Lo de Monoman que yo sepa no es por su aspecto simiesco, sino por una habilidad sin par para tocar con una mano el órgano Vox que siempre le acompaña, agitar la pandereta con la otra, cantar con la boca, mover la cabeza a ritmo del cuaternario, un pie girarlo en sentido contrario a las agujas del reloj, y en sus ratos libres entre canción y canción tejer una bufanda de ganchillo según sea de fresca la ciudad en la que toca. Tan apañado él como su fama de tipo de complicados modales sociales.


Singles como éste, entregado por Dirty Water, demuestran que existen ocasiones en las que es muy complicado saber cual es cara A, y cual es cara B. Me inclino por “Don’t Give It Now” como primera opción, aunque no descarto cambiar de idea si el viento sopla del Noreste e invertir el orden por “How Do You Now?”. La indecisión personificada.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Esos encantadores australianos (3ª): The Orange Humble Band


DM3 - Road To Rome (1996)


El grupo que para cualquier motor buscador de internet te relaciona con el sistema internacional de medida es sin embargo el enésimo, y no por tanto aburrido, proyecto del peluquín más famoso de Australia tras la reina Isabel II (que es británica), Dom Mariani. El personaje musical más inquieto que se recuerda desde que Juan Antonio Pizzi decidiera pasar por cuantos clubes de fútbol son conocidos, es un vitamínico ejercicio de canciones sobresalientes, con powerpop a raudales y una pieza vinílica muy codiciada que puedes comprar fácilmente en ebay si dispones del presupuesto de defensa de algún país de centro América (por poner una exageración al uso).


Dom Mariani, un genio en la canción y con una tarima flotante divina.


Road To Rome supone el segundo disco de la alianza entre Mariani, Toni Italiano y Pascal Bartolone, tras el también recomendable One Times Two Times Three Red Light. Doce canciones que confirman a Mariani en dos aspectos: que su habilidad para escribir canciones de powerpop no tiene parangón, y que comparando, nos hemos dado cuenta de que los discos de Bruce Willis no eran tan buenos como pensábamos.

Abre el disco “Can´t Get What You Want”, indispensable pieza adrenalítica que puede conseguir perfectamente que el resto de discos de su estantería sean apartados para dejar un solo hueco para Road To Rome. Sigue con “Please Don´t Lie”, canción con toque acústica pero de final enérgico. “Speed Freak” es una de mis favoritas, como no podría ser de otra manera con un tema con ese título e inundada de guitarras. “Second Floor” es un estupendo hit (siempre quise decir hit alguna vez). “I Thought That You Were Foolin'” puede provocar el ponerse cachondo con ese pausado pop. “Dead Stars” es otra obra cumbre, con un sutil teclado que hará las delicias de hasta el más reticente al powerpop. “Soultop” comienza el fin del disco y uno ya alcanza el climax. “TV Sound”, un cierre del disco optimista y una forma triunfal de terminarlo. Todos los caminos no sé si conducirán a Roma, pero este disco conduce al cielo.


Ampliasa, sonrisa, tres tipos, si no son los DM3 estos deben


Un acierto más que se llevarse a las orejas. No duden en comprarlo a buen precio, aunque si realmente ya han participado en las pocas subastas que lo ofrecen en el ebay sabrán que inocentemente se pone una cantidad monetaria muy razonable, y que cuando vuelves con ilusión para comprobar si has sido afortunado no te queda más remedio que ciscarte en la peluca del tal j***k (508), que al parecer le sobran cincuenta eurillos más que a ti para encargar un disco.

Tras esta muestra de rencor del que suscribe, disfruten el disco, por vez primera en garajeland, robado. Sí, robado. Ahora nos dedicamos a la extorsión de las casas discográficas contando historias aburridísimas que no conducen a ninguna parte. Pero llevamos antifaz no se crean.


$$$Pincha & Please Don´t Lie$$$

$$$Y no se pierda la primera entrega de la trilogía con The Someloves$$$


Dom Mariani con DM3 estarán de gira estos días por toda la península. Esta noche en Coruña, en la sala Mardigras. El 24 de Marzo en Madrid, por la sala El Sol. El 25 de Marzo de Hondarribia, sala Psilocybe. 26 de Marzo en tierras murcianas por la sala 12&Medio. Y cerrarán visita el Domingo 27 en la sala Wah Wah valenciana. No se los pierdan, los precios son más que razonables.


sábado, 19 de marzo de 2011



The Someloves - Something Or Other (1989)



Los que siguen desde hace tiempo las disertaciones de este bloc tan vago, ya conocerán de sobra nuestra pasión por los Stems de Dom Mariani (al que aun no hemos exprimido lo suficiente), por el pop australiano en general, y por las australianas en particular. País y género musical que alcanzaron un punto álgido con la unión del susodicho peluquín de Dom Mariani y el pálido, pero mente y guitarra preclara, de Darryl Mather, en un grupo de producción tan escasa como imprescindible: The Someloves. Si nuestros más cálidos seguidores esperan nuestro lado más sucio y sórdido pueden esperar a que Don Verléin luzca su nueva cartera con cadena, o a que el señor de los numeritos vuelva a ponerse unos pantalones de cuero, y mientras lanzarnos un fuerte abucheo. ¡Buuuuuuuuuuarns!. Las próximas semanas el pop australiano se hará dueño de estas páginas. No descarten que alguno de ustedes pida doble nacionalidad hispano-australiana, nosotros ya hemos solicitado asilo político en Sidney, nueva patria querida.



La única foto oficial del grupo ha sido rescatada de la orla de escuela de buenas domingas, protagonizada por el mejor grupo pop de siempre(y Cori Mateus)




Como ya comentaba, Someloves nace de la unión de Mariani, aún en los Stems de Perth, con un Darryl Mather que había militado en los Lime Spiders de Sidney. Lo que viene a decir, que es la unión de un grupo que fusionaba como nadie la energía del garage con el pop de briosas guitarras y otro que brillaba en el rock y que viraba hacía el Rock duro, motivando seguramente la marcha de un pájaro con tanta sensibilidad como Darryl Mather. Admirados mutuamente por sus respectivos grupos, y fascinados por otros como los Real Kids (De una de sus canciones toman el nombre de la banda) sería natural que esa unión fomentara unas tonadas dentro de los límites musicales que manejaban. Errata. El resultado es indudablemente de un pop de quilates, con sonido de guitarras cristalino y contemporáneo, y un indudable espíritu por las melodías de voces comparables a los cuatro de Liverpool, los niños de San Ildefonso y a alguno que haya sufrido a Brian Wilson en el estudio.

Tras la publicación de un single que todo el mundo debería escuchar como “It´s My Time”/”Don´t Talk About Us” (o incluso comprar si le sobra alguna decena de euros) graban su primer, y la postre de frambuesa único álbum, este Something Or Other, bajo la supervisión de un tipejo bastante espabilado en la producción popera como Mitch Easter. Un tratado de canciones de esas casi perfectas, del las que te reconfortan hasta el punto querer mirar por la ventana con cara de buena persona, aunando el oficio que tienen los australianos para los grupos musicales y para los camiones de veintitrés ejes, con melodías de grupos muy recurrentes en este bloc: Beatles, Badfinger, Big Star, Easybeats y un largo etcétera.




The Someloves. Poca suerte con los buscadores de imágenes. PEro todo el mundo se abraza, incluso una chica y un rinoceronte.




Hay quién diría que lo que hacen estos dos canallas es powerpop. Que cada cual elija la etiqueta que más le guste, pero que siempre se ponga una rebequita si sale de noche, que luego refresca. Hay que escuchar “Melt”, quizás “sólo” un buen inicio; “Back On Side With You”, canción de suaves armonías vocales, perfectas y pulcras guitarras; “Know You Now”, un potencial single que podría ser puesto hasta la extenuación sin llegar a caer en el empacho; “Sunshine Glove” que como me imagino que sería sentarse en el sillón más reconfortante del mundo. Canciones de dos artesanos musicales repletas de momentos perfectos, que no envejecen, y que incluso el paso del tiempo hace que cada vez suenen mejor.

Una lástima que tras sólo un álbum el grupo se fuera al traste. Darryl Mather no quería salir de gira porque éste se trataba de un grupo exclusivamente de estudio (hay quien especula con que Someloves no han tocado en directo ni el “tres hojitas madre”), Dom Mariani quería ir de viaje con la guitarra, y el sello al que pertenecen, Mushroom, dice que sin gira no les dan pasta para el siguiente álbum, y sin pasta para el siguiente disco ya no hay más Someloves para evitar que el tándem Mariani/Mather acabe como Pimpinela. Alguien podría pensar que tras la separación musical de sus protagonistas, todo acabaría en proyectos de poca alcurnia y linaje. Ni de coña.

Seguramente, los Someloves sean uno de los mejores grupos pop del Suroeste de Australia, posiblemente de las mejores melodías que han salido de las antípodas, quizás uno de los mejores discos que se han hecho en la historia, y no sigo por ese camino que me puede el sentimiento. Esto sólo son las instrucciones en tres capítulos, necesarias para pedir asilo político australiano, sólo con el primero no dudaría en hacerlo, pero quizás haya quien necesite dos más. Todo a su tiempo.


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$$$Pincha & Other Happy Ending$$$


viernes, 18 de febrero de 2011

Caminando por el alambre melódico: The Scruffs


The Scruffs – Wanna Meet The Scruffs? (1977)


Ir por la vida siendo un hacedor de canciones pop es casi como caminar por la cuerda floja: Si no tienes cuidado y caes hacia un lado, tiendes a caer en el empalago, en la falta de frescura y en la eterna monotonía; si lo haces hacía el otro, la comercialidad más abrasiva puede hacer mella y las canciones pasan a ser meros chicles de usar y tirar, pues la sustancia se va tan deprisa como aquel chicle de natillas de Boomer cuyo sabor (y cuya goma) desaparecía como cuando lo mezclas con unas patatas fritas. Si tuviera que elegir a mi funámbulo pop favorito me asaltarían serias dudas, pero seguro que entre aquellos que se hallan ocultos tras los grandes nombres del cancionero pop se encontraría el rubiales de Stephen Burns, que caminó tan rápido por el alambre, que una escucha al debut de Wanna Meet The Scruffs? te deja noqueado durante los escasos treinta y cinco minutos de duración, de uno de esos discos que te convierte en fiel seguidor del grupo una vez lo has descubierto.


The Scruffs, funambulistas pop de altos vuelos. Afortunadamente nunca fueron contratados por el circo de Angel Cristo.


The Scruffs pertenecen a ese pequeño universo musical del que salen imprescindibles bandas sean o no tiempos difíciles para la música: Memphis. Ciudad de, entre otros, Big Star. Gracias a esta cercanía, Burns y los suyos no tuvieron que esperar a que años más tarde se empezara a hablar de ellos para absorber sus provechosos bienes. Ajenos al negocio musical, Stephen Burns junto a su mano derecha y guitarrista Dave Branyan, Zeph Paulson y Rick Branyan, entran a grabar a los estudios Ardent de Memphis (todo un signo de su pasión por las amplias influencias locales) para emular a los ídolos de los sesenta, a los citados Big Star, a los Raspberries y grabar un inmejorable debut.

Vale, es cierto que no va ser la primera vez que digo que un álbum merece ser escuchado, y poco a poco, y tras unos cuantos detalles escabrosos voy perdiendo credibilidad. Pero esta vez puede que sea diferente, y si para ello tengo que escribir vestido como el personaje de la foto adjunta así lo haré, para deleite del lector y un par de policías nacionales que ya me están esperando a la salida de casa, y no creo que sea para invitarme a Donuts. Bien, volviendo al disco, muchos álbumes derivan en otros estilos, lo cual está muy bien porque en caso contrario todavía estaríamos golpeando piedras con huesos, en este no hay medias tintas, sólo canciones powerpoperas al máximo, tres minutos veloces, si acaso salpicados por la energía punk de muchos grupos cansados de la comodidad en que estaba instaurada la música en la segunda parte de los setenta.



Como ya sabrán, este no es 61&49, pero para captar la atención viste similar atuendo


El álbum se abre de forma impecable, mediante “Break The Ice”, quizás una de las canciones perfectas de powerpop. Le sigue “My Mind” con una temática constante en todo el disco: los problemas amorosos y sus derivados neuróticos de la plena adolescencia (recuerden esas chicas congeladas de “Frozen Girls”). Entre el resto de canciones cabe destacar algunas absolutamente adrenalíticas como “I´ve Got A Way”, “This Thursday” o “She Say Yeah”. Otra constante son los singles en potencia que abundan en todo el disco, ahí quedan “Revenge” o la melancólica “I´m A Failure”. Las canciones se van deslizando de forma vertiginosa, con la característica voz de Stephen Burns, personal y un tanto chenchual, el combate entre tú y el disco que no te deja salir de las cuerdas ni siquiera con un suave tema amoroso acaba tras sólo treinta y cinco minutos. No hace falta más, por otra aparte.

Durante largos años el disco estuvo condenado al ostracismo de manera injusta. El escaso éxito de ventas propició la desaparición del grupo justo antes de publicar un segundo trabajo ya casi grabado. Sólo el despunte de otras bandas de los noventa como Teenage Fanclub, los Posies, etc., despertó el interés por rescatar de los cajones más profundos de vinilo a la fabulosa hornada de pop de los setenta que navegó contracorriente y que en muchos casos sólo llegaron a la orilla tras dejarse flotar durante un tiempo. Entre ellos, los Scruffs, que sólo tuvieron seguidores en los que poseían una de las pocas copias de Wanna Meet, con esa sugerente portada (¿no les recuerda a A Hard Day´s Night?) de la que sus dueños no querían desprenderse de él, un poco como el sentimiento de quien tiene una novia muy guapa pero prefiere quedarse con ella para que nadie más la conozca. Afortunadamente existen las reediciones (de discos, de mujeres sería un tema más difícil a tratar) para hacer justicia y concluir esta historia con un bonito enlace para conocer a los Scruffs. El título del disco ya es de por sí una sugerencia, avisados quedan.

Nota: Para saber como nos las gastamos, este post se le debe a nuestro dibujante favorito, el señor Mr. Mosstrem, tiempo atrás dije que se trataría sobre él, y ha pasado tanto que el bueno de Mos ha dejado aparcado los pinceles por el muy reconfortante trabajo en su propia huerta.

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$$$Pincha & Revenge$$$


miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Se puede cambiar la música del coche… de otra persona?


Sabido o no, es que los miembros de garajeland rara vez se desplazan en coche, propio nunca, en coche rara vez. Lo cierto es que eso permite que la música que escuchamos sólo sea elegida por nosotros mismos o por el tipejo con gorra de rapero (o del tonto de las series juveniles americanas, nunca lo tuve claro) que decide deleitar al resto del personal con una selección de canciones que nunca deja acabar y suenan como la FM a medio sintonizar. Esta situación dictatorial de ir poniendo la música que me gusta me crea cierta tendencia a sufrir cuando no tengo posibilidad de elección, o como poco no veo el momento oportuno de intentar poner ese cd recopilatorio tan ameno que he preparado especialmente para el radio casete. Lo cual me lleva a preguntarme si es posible cambiar la música de un coche que no es el tuyo, y si existe esa posibilidad, como explotarla al máximo.


Cuidado con la gente con la que vayamos en un coche, es posible que no le guste demasiado tu recopilación de rumbakalao.



Cuando sip lo podremos hacer:

Grado de confianza cinco, es decir, te pueden ver en calzoncillos sin que te sientas incómodo por no saber donde meter las manos al no tener bolsillos. Es un grado de confianza estándar, aunque no en ningún caso es estricto, cada uno que vea cual es el suyo, como la RAE, garajeland no impone, sólo limpia y no sé qué más. No obstante, incluso dado este punto, siempre habrá que pedir permiso, cosa de esas incómodas normas de mantener la educación.

Inventándose cosas. Seguramente este punto dependa mucho de la credibilidad del conductor y su capacidad para soltar el complemento que suele llevar en las manos, el volante, para atizarte un par de sopapos. En cualquier caso, insinuar sin atisbo de duda que “hoy sería el cumpleaños de Gene Vincent” puede darnos una oportunidad de poner ese recopilatorio suyo que justo tenemos en las manos. Siempre apuesten a que nadie sabrá ese tipo de datos (generalmente).

Cuando todos, y cuando digo todos incluyo a la junta de la trócola del vehículo donde va montado, se encuentran de acuerdo contigo. Las victorias con un ejército potente dan menos satisfacción que las individuales, pero al menos son victorias.

Grado de desesperación latente o entrada en bucle de audición. No se descarte llegado el momento idóneo, el perder completamente la cordura para hacer más latente su frustración. Si no saben cómo hacerlo sería suficiente con pasar una hora en un jardín de infancia. Creo que en una ocasión, tras escuchar tres veces seguidas el segundo disco de Estopa estuve a punto de alcanzar ese estado (eso, o era una parada cardiorrespiratoria).

El conductor y usted son la misma persona (también puede ser tu gemelo de manos, pero no es lo mismo). En caso de no ser así, mire fijamente a los ojos a la otra persona y pídale el matrimonio.

Cuando no lo haremos:

El conductor tiene un nivel de mala hostia de grado cinco (no confundir con el grado cinco de confianza o las consecuencias pueden no ser las esperadas). Repetidos intentos de acercar la mano al radio casete pueden hacer que el grado de mala hostia del elemento musical opresor aumente de nivel paulatinamente. No interesa nada esa opción, saquen a relucir su diplomacia suiza si es que la tienen a mano.



Muy posiblemente, ser MUY pesados tenga como consecuencia llevarnos puestos los dos alerones, uno en cada oreja


Sumado un conductor con mala hostia de grado tres y acompañado de una novia de grado dos, puede parecer poco, pero, ¿han visto como muere Paulie Gatto o Carlo Rizzi en El Padrino? Yo que ustedes no me fiaría del que vaya tras su asiento. Desde este punto ir añadiendo elementos en contra, sean del grado que sean nos pone en una difícil situación, sólo salvables con la patraña oportuna o la típica falacia.

Si el dueño es de un intelecto superior hay que abstenerse, sería imposible competir con Sanchez Dragó, Pedro Ruíz o algún tertuliano acostumbrado a los micrófonos. Si además creen innecesaria la música que se salga de las directrices de un cantautor hay que ir asumiendo que iremos escuchando a Jarcha el resto del trayecto.

Cuando hemos sido nosotros los que hemos elegido el disco, es raro conseguirlo, pero hay que demostrar cierta fortaleza ante las adversidades, y un número ilimitado de ocupantes que no quiere escuchar un especial de melenudos psicodélicos no deben hacernos cambiar de opinión, ni disculparnos, recuerden la rabia que eso le da a Homer.

Nota importante: Pese a lo que pueda parecer, acepto normalmente lo que me ponen, si bien haber explicado eso no hubiera llevado más de cinco minutos y no nos hubiera leído ni nuestras respectivas abuelas.


PD: Os dejamos con Ridin´ In My Car de NRBQ. Con canciones así de maravillosas nadie osará ponerse en tu contra y existirá el completo acuerdo y satisfacción.


martes, 1 de febrero de 2011


Critic´s Choice / I'd Rather Be With The Boys / London Boys


Retomamos esta mini sección, la cual no es mini porque dejamos de lado el divagar durante largo rato como si fuéramos Jesús Hermida, sino que es mini por el tamaño de los discos aquí comentados, generalmente singles y EPs, o para que nos entiendan nuestros más jóvenes lectores: unos emepetrés muy caros, almacenados en figuras circulares de tamaño similar, que se introducen en un cartón con fotos (a veces hechas con cámara analógica, el diablo debe estar detrás). Alguno pensará que esa es la descripción de una caja de galletas, pues sí, parecido.


En este caso, el artefacto sónico pertenece a la alianza entre Juanito Truenos y los Chesterfield Kings. No todas las cosas divertidas acaban en erveza o aberna. Se trata por tanto de la unión entre un Thunders que no fue imputado en la Operación Galgo porque él inventó el dopaje, junto a Greg Prevorst y los suyos, o lo que es lo mismo, el señor que se pinta como una puerta, utiliza la misma laca para el pelo con idéntica composición química que No Más Clavos y junto a Andy Babiuk forman el grupo más melómano de los últimos treinta años.

La cara A esconde una canción de Thunders, “Critic´s Choice”, repleta de remedios terapéuticos y muy en la onda de las canciones del padrino punk. En la cara B, dos canciones con sonido de dudosa procedencia: “I'd Much Rather Be With The Boys”, que aunque se cite como de Jagger-Richards, es realmente una colaboración del último junto al manager Andrew Oldham (curioso dato), y “London Boys”, nuevamente del bueno de Thunders. Editado por el muy apropiado sello Junkie Records y en color amarillo para que el artefacto salga aún más caro, y poca más información puedo darles, que yo sepa aun no domino el japonés, algo realmente asombroso si se tiene en cuenta mi afición a hablar mal todos los idiomas que conozco.



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Critic´s Choice / I'd Rather Be With The Boys / London Boys


Retomamos esta mini sección, la cual no es mini porque dejamos de lado el divagar durante largo rato como si fuéramos Jesús Hermida, sino que es mini por el tamaño de los discos aquí comentados, generalmente singles y EPs, o para que nos entiendan nuestros más jóvenes lectores: unos emepetrés muy caros, almacenados en figuras circulares de tamaño similar, que se introducen en un cartón con fotos (a veces hechas con cámara analógica, el diablo debe estar detrás). Alguno pensará que esa es la descripción de una caja de galletas, pues sí, parecido.

En este caso, el artefacto sónico pertenece a la alianza entre Juanito Truenos y los Chesterfield Kings. No todas las cosas divertidas acaban en erveza o aberna. Se trata por tanto de la unión entre un Thunders que no fue imputado en la Operación Galgo porque él inventó el dopaje, junto a Greg Prevorst y los suyos, o lo que es lo mismo, el señor que se pinta como una puerta, utiliza la misma laca para el pelo con idéntica composición química que No Más Clavos y junto a Andy Babiuk forman el grupo más melómano de los últimos treinta años.

La cara A esconde una canción de Thunders, “Critic´s Choice”, repleta de remedios terapéuticos y muy en la onda de las canciones del padrino punk. En la cara B, dos canciones con sonido de dudosa procedencia: “I'd Much Rather Be With The Boys”, que aunque se cite como de Jagger-Richards, es realmente una colaboración del último junto al manager Andrew Oldham (curioso dato), y “London Boys”, nuevamente del bueno de Thunders. Editado por el muy apropiado sello Junkie Records y en color amarillo para que el artefacto salga aún más caro, y poca más información puedo darles, que yo sepa aun no domino el japonés, algo realmente asombroso si se tiene en cuenta mi afición a hablar mal todos los idiomas que conozco.



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viernes, 28 de enero de 2011


The Long Ryders - Native Songs (1984)


Cuando hace unos meses realizamos ese especial sobre los sonidos de la Americana y que nosotros en nuestro afán de cambiar el nombre a esa etiqueta llamamos Country Indie Modernillo estuvimos citando las influencia de todos aquellos grupos en los muy obvios Byrds, Gram Parsons y derivados, o en Hank Williams yendo un poco más lejos, sin ni siquiera encontrar un punto de enlace entre los inicios de mezclar las churras con merinas (perdón, quise decir el Country con el Pop) de finales de los sesenta y el auge de estas tonadas que inició el No Depression de los Uncle Tupelo. Sí, nuestra vista es obtusa en ese sentido, ¿Qué quieren, si llevamos siempre puestas las gafas para borrachos que compramos en los jardines Duff? Este eslabón perdido, y no me entiendan mal, nada tiene que ver con el caminar erguido, lo teníamos delante de nuestros propios ojos y no tuvimos la decencia de citarlos: eran los Long Ryders. Fantástica banda Californiana de la que desgranaremos incorrectamente sus maternas canciones de debut.


Los Long Ryders con la clásica (a la par que elegante) decoración de neumáticos antes de que se pusiera de moda Quién Vive Ahí



Principalmente y particularmente, para contar la historia de los Long Ryders hay que hablar de Sid Griffin, procedente de una ciudad en medio de la nada como Louisville en Kentucky, su primer disco es un regalo familiar: el Sweetheart Of The Rodeo de los Byrds, por el mero hecho de que en la portada no aparece ningún melenudo (menos mal que no vieron las gafas de Roger McGuinn o nos hubiéramos quedado sin Long Ryders a este punto de la historia y yo hubiera tenido que publicar mis fotos de la comunión para despistar). Afortunadamente, de personalidad inconformista y aun un ternerón, el bueno de Griffin ya domina clásicos instrumentos como la mandolina y el steel guitar y decide en el ocaso de los setenta dejar a un lado la rutina de Louisville para emprender un largo viaje hacia Los Angeles (hay quien no descarta que incluso paró por La Roda a comprar Miguelitos) en busca de un nuevo sonido del que ha leído sus propiedades pero del que aun no ha conseguido llevar nada a sus oídos: el Punk.


No me digan que Sid Griffin con esa cara y la pose de "como quien no quiere la cosa venimos del huerto" no tiene pinta de achuchable



Durante este periodo se forja en el ambiente de nuevas bandas que pueblan la ciudad hasta que se harta de tocar versiones y decide montar un nuevo grupo. Es ahí cuando entra en escena el otro capo de la formación: el gran Stephen McCarthy, un pájaro muy singular que en pleno auge punk vino a decir a sus compañeros lo de “sí, sí, lo del punk y todos esos guitarristas están muy bien, pero a mí lo que me gusta es el Country y las películas del Oeste que emiten en la sobremesa”. Obviamente fue contratado al instante, y acertaron. Tras unas cuantas salidas y entradas completan la formación del grupo junto a Greg Sowders a las baquetas y Tom Stevens al bajo. Cuatro músicos que se desenvuelven de rechupete con cualquier instrumento que les eches al hombro (siempre maldigo a este tipo de gente por pura envidia de la que no es sana).

Tras un EP de debut llegan a la grabación de este Native Songs con la clarísima intención de dar rienda suelta a todas las obsesiones musicales que les han conquistado desde pequeños. Para empezar, la producción corre a cargo de Henry Lewy, en otros tiempos productor de los primeros álbumes de Flying Burrito Brothers. La segunda de ellas la cumplen sobradamente con la participación de Gene Clark añadiendo voces en “Ivory Tower”. La tercera la encontramos en el sonido de todas sus canciones, con homenajes perpetuos a los ya citados Burrito Brothers, a los Byrds, al cancionero pop inglés de los cuatro de Liverpool (y espero que no haya un equipo de Curling por allí que se llamen así o me verán chillar de forma lamentable), al Rock And Roll del de toda la vida, y sin ningún género de duda (porque ellos lo dicen) al genial músico y empinador de botella Gram Parsons.



Long Ryders junto a Gene Clark y los visillos con faldones. Yo al menos nunca vi una foto donde se repitan esos mismos elementos



Es muy posible que en este punto de la situación, todos estéis aburridos de los mismos nombres de siempre… ¡pues escuchen las canciones de este disco! Porque mientras algunos nos planteamos si la telilla de la sopa de tomate hay que comérsela, el tándem Griffin-McCarthy realizan unas canciones como “Still Get By”, “Too Close To The Light”, “Ivory Tower” o clásico sonido yanqui de “Never Got To Meet The Mom” que saciarán de sobra a los que se quedaron con apetito tras escuchar a los nuevos camperos modernillos o a los que quieran recuperar viejos sonidos con Rickenbacker, steel guitar y zarzaparrilla de la buena de por medio.

Que el final del grupo fuera tras cuatro estupendos discos y cayendo en el olvido de la ignorancia que actualmente se intenta que nos invada tampoco es una novedad. Una pena que gente tan interesante como Sid Griffin (un tipejo tan fascinante que ya has escrito varias biografías entre las que se encuentra la de ¿Quién si no? Gram Parsons) o S. McCarthy (que incluso tocó una época con los Jayhawks) no se les tenga en el mínimo reconocimiento que deberían tener. Ahora que Jeff Tweedy parece que ha terminado de acuchillar el parqué de su casa y puede ahorrar algunos dólares debería pensar en pagar algún pequeño tributo a estos tipos. Pero claro, para eso igual hace falta una gala presentada por Norma Duval.

Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin

$$$Pincha & Had A Dream$$$


domingo, 23 de enero de 2011

Como muchos sabrán a día 23 de Enero, el 2010 se acabó, y aunque el telediario de Antena 3 va a seguir dando noticias sobre el hombre más viejo del mundo o sobre la mujer más alta del Noroeste, algunas cosas han cambiado, y es que garajeland empieza década criticando a sus hasta ahora respetados lectores. Hubo quien dejó sus preferencias sobre sus discos más escuchados del año recién finalizado, y prometimos realizar una crítica exhaustiva de los mismos incluso sin haberlos escuchados; porque nosotros las promesas las cumplimos tarde, muy tarde, o casi nunca, pero las cumplimos. Para que todos nuestros análisis quedaran fetén, esta vez nos hemos dividido el trabajo en un despliegue de facultades nunca visto desde las películas de Schwarzenegger con Dani De Vito (lo cual no significa que los dueños de este bloc tengan algún tipo de parecido físico con alguno), demostrando a los matemáticos del mundo que negativo por negativo no siempre es positivo. A los hechos me remito:


El señor Troy McClure descubre que en el planeta donde se encuentra los pañales no son desechables.



- El Señor Trufé se inclina por American Slang de The Gaslight Anthem. Entre las manías que han ido creciendo conmigo, una ha ganado más fuerza últimamente; no me refiero a mi peculiar afición por mordisquear los quicios de las puertas (soy un niño-rata, qué esperaban), sino a un particular, finisecular, inveterado y, totalmente injustificado resquemor a todo lo que huela a Bruce Springsteen. Sí, es así. Sé que merezco una horca y, por si acaso, un lago electrificado con pirañas por la cuerda estuviera floja.

Pero es que me ocurre. Este disco fue parte de mis escuchas diarias al menos durante un mes. Suena de lujo, todo muy redondo y en su sitio, pero no deja de recordarme al bueno de Bruce, lo que provoca una pereza infinita. Algo que me ocurre con otros grupos como Hold Steady. No obstante, si ustedes buscan un grupo de rock con melodías y un sentido de la música parecido al del tito Bruce, hagan acoqui que no se arrepentirán.

P.D.: no sean duros conmigo; otro día trataremos otras fobias injustificadas, como la que une a un amigo mío con Paul McCartney. Yo, al contrario, le tengo mucha estima por su destacada labor como doble de Isabel II, la reina de Inglaterra.

- Troy McClure se despendola con Las Vegas Grind. Señor McClure, sepa usted que sus recomendaciones no caerán en saco rato. Esa recopilación de música garajera, sucia, sesentera; acompañada por fichas de 20, Robert de Niro con traje celeste y Sharon Stone enseñando pernamenta puede ser lo mejor que le ha pasado a la música venida de los estados juntitos desde su campaña “no sin mis Hi-Risers”, de la que usted es receptor como albacea de la herencia de nuestro añorado Enano.

Las Vegas Grind puede ser una de las colecciones definitivas de la música de The Trashmen, The Wailers y demás delincuentes habituales. Una serie de canciones que navegan entre el fuzz, las pianolas, la plaza del garaje con la columna en el peor sitio y los gritos. Escuchar este disco es como sudar en un concierto porque no puedes parar de moverte. Me va a encantar, algo me lo dice.

- Vinti eligió Tomorrow The Green Grass de los Jayhawks (versión reeditada en 2010 para poder entrar en esta lista). Disco lleno de matices camperos y dulce pop, que he hecho madurar a Vinti la idea de ser la futura presentadora de El Escarabajo Verde y a fabricar su propio mantillo para plantas, con la palabra propio en el más sentido estricto significado.

Su elección se basa en un excelente disco (que vamos a decir si es uno de los favoritos de los que escriben estas líneas), tanto que puede cambiar la relación de un ciudadano de a pie con el campo (Verléin siempre quiso asfaltar Doñana y al señor numérico siempre le parecieron demasiado altos los pirineos). Si algún día de estos se cruzan con un coche por la calle y éste va tarareando “Blue” no duden en parar a saludar, lo conduce Vinti.

- Johnny Lebrel se ha pronunciado a favor de Innerspeaker de los Tame Impala. Todo un personaje psicodélico de corazón utiliza micolor para lavar su ropa blanca y perejil para decorar sus platos. Su recién descubierto amor por estos estelares psicodélicos no tiene parangón. Si ven vídeos con canciones como Lucidity (grabado desde un globo de Winnie The Pooh con una cámara atada al hilo) entenderán el porqué de la elección, y si escuchan atentamente el disco corren el riesgo de que esas estupendas canciones le hagan rescatar la cinta para el pelo de John McEnroe, los pantalones de campana con restos de lejía y hacer flecos en su ropa con las tijeras que regala Gallina Blanca. La clásica estampa, vamos. Eso, o caen al mundo de la drogadicción más salvaje: el Inistón con anís.


Sueño (y a la vez pesadilla) de nuestro admirado Savuá Trufé.



- El nuevo de los tipos de 'Girls', un EP reciente es la elección de un Anónimo lector. Querídismo anónimo, muchas gracias por la visita y por su comentario, pero usted se piensa que este bloc es una amalgama de conocimiento que rivaliza con el líder que lo sabe y lo ve todo. Lamento sacarle de su error: no tenemos ni idea de qué disco nos está hablando, pero hemos pedido a David Bowie que nos eche una mano. Ahora nos encontramos en un laberinto y nos hemos transformado en una niña que cuando pase a mujer será una chica muy a tener muy en cuenta. Mientras damos vueltas por aquí haremos acto de constricción y de crítica estándar: “Girls es el EP que tienes que escuchar. Afiladas guitarras que se unen brillantemente a unas melodías que beben de las mejores fuentes del Power Pop. Uno de los hallazgos de 2010. 4 estrellas pezonales”.

- Tomás Verléin se decanta por un grupo que se llama cuchara (Spoon) y su álbum Gimme Fiction (comprado en 2010 para poder entrar en la lista), cuya traducción viene siendo algo así como lo que le piden las chicas a Hugh Hefner para que se quite el albornoz. Para los que no conozcan a Spoon, se trata de un grupo de jovenzuelos, modernos, de grandes canciones y que nunca se resienten de la rodilla cuando llueve. Pildorazos como Sister Jack no defraudarían ni al mismísimo Jeff Migrañas Tweedy.

Hagan caso al bueno de Verlein siempre que puedan (no hay porque ser demasiado exigentes en ese punto), yo lo hice y ahora soy mejor persona: tengo este disco en mi carpeta emepetrística y la sana costumbre de devorar episodios de El Ala Oeste de la Casa Blanca hasta lo insano. Desde luego es un personaje tan convincente como el bipartidismo instaurado por Kodos y Kang en tiempos de antaño.

- El señor que suma 100 o 110 según el orden de los sumandos eligió el ya comentado Pictures de los Len Price 3. Y llegamos al único disco del que puedo decir tonterías tras haberlo escuchado ampliamente. Es decir, igual que con el resto pero con el vinilo en casa.

Como ya he empleado mucho texto en hacer mis no-críticas, voy a intentar resumirme a mí mismo con el disco de los Len Price 3:

Lo peor: la foto de ellos dentro de la cámara: Todos parecen salir de las fotos promocionales de Pajares después de pasar por el quirófano

Lo mejor: todo, hasta el cartón del vinilo. Fabulosas píldoras del mejor power pop.

Dicho esto, agradecimientos varios a mi compañero por descubrirme a este grupo. Este hecho, junto con la vez que me trajo una Hobby Consolas para enseñarme algún juego de la Neo-Geo (con el que seguramente se me salieron los ojos de las cuencas) me hace quererle, de un modo heterosexual, pero quererle.

- Don Funkefra ha confesado que lo que más ha escuchado este año es el recopilatorio de un novedoso grupo: Los Clash. Digna elección la del disco que recopila las mejores canciones de Strummer y compañía. Todo normal hasta ahí, pero si tenemos en cuenta que Funkefra tiene como don la omnipresencia en todos los saraos Funkis que se celebran por tierras castellanas, sea el día, o la hora que sea habría que empezar a sospechar de la catadura moral de este señor. Y es que alguien que desayuna en un concierto de los Sweet Vandals o se hace pasar en el Banco Hispano Americano por uno de los Osaka Monaurril para poder acceder a todo el Soul descatalogado de Japón no nos puede engañar de esta manera.




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