viernes, 18 de febrero de 2011

Caminando por el alambre melódico: The Scruffs


The Scruffs – Wanna Meet The Scruffs? (1977)


Ir por la vida siendo un hacedor de canciones pop es casi como caminar por la cuerda floja: Si no tienes cuidado y caes hacia un lado, tiendes a caer en el empalago, en la falta de frescura y en la eterna monotonía; si lo haces hacía el otro, la comercialidad más abrasiva puede hacer mella y las canciones pasan a ser meros chicles de usar y tirar, pues la sustancia se va tan deprisa como aquel chicle de natillas de Boomer cuyo sabor (y cuya goma) desaparecía como cuando lo mezclas con unas patatas fritas. Si tuviera que elegir a mi funámbulo pop favorito me asaltarían serias dudas, pero seguro que entre aquellos que se hallan ocultos tras los grandes nombres del cancionero pop se encontraría el rubiales de Stephen Burns, que caminó tan rápido por el alambre, que una escucha al debut de Wanna Meet The Scruffs? te deja noqueado durante los escasos treinta y cinco minutos de duración, de uno de esos discos que te convierte en fiel seguidor del grupo una vez lo has descubierto.


The Scruffs, funambulistas pop de altos vuelos. Afortunadamente nunca fueron contratados por el circo de Angel Cristo.


The Scruffs pertenecen a ese pequeño universo musical del que salen imprescindibles bandas sean o no tiempos difíciles para la música: Memphis. Ciudad de, entre otros, Big Star. Gracias a esta cercanía, Burns y los suyos no tuvieron que esperar a que años más tarde se empezara a hablar de ellos para absorber sus provechosos bienes. Ajenos al negocio musical, Stephen Burns junto a su mano derecha y guitarrista Dave Branyan, Zeph Paulson y Rick Branyan, entran a grabar a los estudios Ardent de Memphis (todo un signo de su pasión por las amplias influencias locales) para emular a los ídolos de los sesenta, a los citados Big Star, a los Raspberries y grabar un inmejorable debut.

Vale, es cierto que no va ser la primera vez que digo que un álbum merece ser escuchado, y poco a poco, y tras unos cuantos detalles escabrosos voy perdiendo credibilidad. Pero esta vez puede que sea diferente, y si para ello tengo que escribir vestido como el personaje de la foto adjunta así lo haré, para deleite del lector y un par de policías nacionales que ya me están esperando a la salida de casa, y no creo que sea para invitarme a Donuts. Bien, volviendo al disco, muchos álbumes derivan en otros estilos, lo cual está muy bien porque en caso contrario todavía estaríamos golpeando piedras con huesos, en este no hay medias tintas, sólo canciones powerpoperas al máximo, tres minutos veloces, si acaso salpicados por la energía punk de muchos grupos cansados de la comodidad en que estaba instaurada la música en la segunda parte de los setenta.



Como ya sabrán, este no es 61&49, pero para captar la atención viste similar atuendo


El álbum se abre de forma impecable, mediante “Break The Ice”, quizás una de las canciones perfectas de powerpop. Le sigue “My Mind” con una temática constante en todo el disco: los problemas amorosos y sus derivados neuróticos de la plena adolescencia (recuerden esas chicas congeladas de “Frozen Girls”). Entre el resto de canciones cabe destacar algunas absolutamente adrenalíticas como “I´ve Got A Way”, “This Thursday” o “She Say Yeah”. Otra constante son los singles en potencia que abundan en todo el disco, ahí quedan “Revenge” o la melancólica “I´m A Failure”. Las canciones se van deslizando de forma vertiginosa, con la característica voz de Stephen Burns, personal y un tanto chenchual, el combate entre tú y el disco que no te deja salir de las cuerdas ni siquiera con un suave tema amoroso acaba tras sólo treinta y cinco minutos. No hace falta más, por otra aparte.

Durante largos años el disco estuvo condenado al ostracismo de manera injusta. El escaso éxito de ventas propició la desaparición del grupo justo antes de publicar un segundo trabajo ya casi grabado. Sólo el despunte de otras bandas de los noventa como Teenage Fanclub, los Posies, etc., despertó el interés por rescatar de los cajones más profundos de vinilo a la fabulosa hornada de pop de los setenta que navegó contracorriente y que en muchos casos sólo llegaron a la orilla tras dejarse flotar durante un tiempo. Entre ellos, los Scruffs, que sólo tuvieron seguidores en los que poseían una de las pocas copias de Wanna Meet, con esa sugerente portada (¿no les recuerda a A Hard Day´s Night?) de la que sus dueños no querían desprenderse de él, un poco como el sentimiento de quien tiene una novia muy guapa pero prefiere quedarse con ella para que nadie más la conozca. Afortunadamente existen las reediciones (de discos, de mujeres sería un tema más difícil a tratar) para hacer justicia y concluir esta historia con un bonito enlace para conocer a los Scruffs. El título del disco ya es de por sí una sugerencia, avisados quedan.

Nota: Para saber como nos las gastamos, este post se le debe a nuestro dibujante favorito, el señor Mr. Mosstrem, tiempo atrás dije que se trataría sobre él, y ha pasado tanto que el bueno de Mos ha dejado aparcado los pinceles por el muy reconfortante trabajo en su propia huerta.

Servidor: Megaupload. Contraseña: peluquin
$$$Pincha & Revenge$$$


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